El plan de Estados Unidos para invadir Canadá
Newsletter #175 – 2026/03/15
Buen domingo a todos,
Desde hace un par de años, las tensiones entre Canadá y Estados Unidos no han hecho más que crecer. Todo comenzó a enrarecerse cuando Donald Trump propuso a Justin Trudeau en una reunión privada, a finales de 2024, la posibilidad de que Canadá se convirtiera en el 51.º estado de la Unión. Esa misma idea fue publicada por Trump a comienzos de 2025 en su red social, y desde entonces no ha dejado a la idea descansar. Es más, hace menos de una semana insistió en esta idea, refiriéndose a Mark Carney, primer ministro de Canadá, como el próximo gobernador de Canadá1.

Estas recientes tensiones parecían casi imposibles hace un puñado de años. Estados Unidos y Canadá llevaban décadas colaborando constructivamente sin que sus 9.000 kilómetros de frontera común supusieran un alejamiento2, pero esto es algo relativamente reciente. Hubo enfrentamientos entre Canadá y Estados Unidos, e incluso las tropas canadienses llegaron a tomar Washington y quemar la Casa Blanca3. Pero quizá sería más apropiado hablar de un enfrentamiento entre el Imperio británico y Estados Unidos, ya que por aquel entonces Canadá aún era una colonia británica.
El proceso de independencia de Canadá fue lento y gradual. Se alargó desde 1867, cuando se estableció el Dominio de Canadá con cierto autogobierno, hasta la firma del Estatuto de Westminster en 1931. Durante todo este proceso, la amenaza de un nuevo conflicto abierto entre Estados Unidos y Canadá nunca desapareció del todo.
El Plan Rojo
Estados Unidos no jugó un papel crucial en la Primera Guerra Mundial. El conflicto había estallado en Europa y, a pesar de que había alcanzado prácticamente todos los continentes, la participación estadounidense era difícil de justificar, sobre todo de cara a sus ciudadanos. Esto hizo que, a pesar de que Estados Unidos sí que se involucró en 1917, el Imperio Británico se alzase como auténtico vencedor, saliéndose reforzado del conflicto: se anexionó las colonias alemanas y continuó siendo la mayor potencia naval y comercial del mundo.
Esta amenaza latente hizo que Estados Unidos trabajase en un plan que se conoció como el Joint Army and Navy Basic War Plan Red, popularmente conocido como el Plan Rojo. Se trataba de un plan detallado para enfrentarse al Imperio británico, en el cual se consideraba Canadá, con el código de color carmesí, como el principal escenario de las operaciones militares, dada su cercanía estratégica a Estados Unidos.

El plan fue aprobado por primera vez en 1930 y actualizado posteriormente en 1935. Tal y como muestran los documentos oficiales del ejército estadounidense4, el plan era concreto. Como punto de partida, tenía pensado bloquear el puerto de Halifax, para así impedir el desembarco de refuerzos británicos por el océano Atlántico. A continuación, una columna desde Detroit y otra desde Albany tomarían el control de Toronto y Montreal, respectivamente. Simultáneamente, otras dos columnas buscarían ocupar Winnipeg y Vancouver.
Junto al control de las principales ciudades, el plan también contemplaba inutilizar la central eléctrica de las Cataratas del Niágara, así como otros puntos débiles que se habían identificado durante las misiones secretas llevadas a cabo por Charles Lindbergh5. Quizá, el punto más controvertido del Plan Rojo fue que el propio Lindbergh recomendó el uso de armas químicas en algunos puntos de la bahía Hudson.
El Plan Rojo también hacía un importante ejercicio de evaluación de riesgos. Advertía expresamente del poder de la Policía Montada, que no podía ser subestimada, así como la importancia del bloqueo de Halifax antes de que llegaran más de 2,5 millones de soldados británicos para reforzar las posiciones canadienses. Conjuntamente, hacía mucho hincapié en que los británicos eran reconocidos por no rendirse fácilmente, así que cualquier ejecución del plan tenía que considerar una lucha hasta las últimas consecuencias.
Este plan por sí solo podría parecer un tanto paranoico, pero la realidad es que la Primera Guerra Mundial había dejado mella y había puesto en evidencia los riesgos ante un enfrentamiento con cualquier otra potencia mundial. El Plan Rojo era tan solo uno de los múltiples planes nombrados mediante un código de colores para estar preparados ante cualquier circunstancia posible.

En todos los planes, Estados Unidos siempre tomaba el color azul, mientras que el resto de colores se utilizaba para el resto de potencias. El Plan Negro tuvo un gran peso, ya que tuvo que mejorarse ya durante la Primera Guerra Mundial, en el caso de que Alemania saliera vencedora en el conflicto y pudiera ocupar posiciones cercanas a Estados Unidos en el Caribe. El más desarrollado de todos fue el Plan Naranja, que definía la estrategia de guerra contra Japón, el cual fue utilizado parcialmente durante la Segunda Guerra Mundial en el océano Pacífico. El Plan Índigo, que evaluaba la ocupación de Islandia, se ejecutó por completo en 1941, aunque se hizo únicamente para limitar el avance de la Alemania nazi y no para luchar contra los islandeses.
Los colores existentes contemplaban casi cualquier circunstancia posible: el Plan Gris sopesaba una actuación en el Caribe y las Azores; el Plan Dorado, un conflicto naval abierto contra Francia; el Plan Verde describía el ataque a México. Había hasta un plan genérico que no apuntaba contra ninguna otra potencia, sino que barajaba la posibilidad de una revuelta interna en territorio estadounidense. Este plan también se ejecutó parcialmente tras la acampada de veteranos de guerra en Washington reclamando sus pagas en 1932, durante la Gran Depresión.
Eso sí, a pesar de todo este trabajo de preparación, Estados Unidos no era el único país preparado.
El Defence Scheme No. 1: la respuesta canadiense
Al norte del paralelo 49, Canadá también hizo los deberes. La independencia del Imperio Británico no solo conllevaba la libertad para tomar sus propias decisiones, sino que también venía acompañada de la responsabilidad de ser capaces de defender su territorio una vez que el paraguas británico no estuviera de aval.
En ese contexto nació el Defence Scheme No. 1, un plan desarrollado por el teniente coronel James Brown, un veterano de guerra que ocupaba el puesto director de operaciones e inteligencia del ejército canadiense. Antes de establecer ninguna asunción teórica, Brown se cogió una cámara fotográfica y recorrió en coche parte de la frontera oriental con Estados Unidos para entender mejor el funcionamiento de las relaciones fronterizas. Sus notas contemplaban la orografía del terreno, pero también describían con detalle el tipo de poblaciones y habitantes que había al otro lado de la frontera.
Con toda la información recopilada, junto a los informes de la inteligencia recabada durante años, Brown redactó un plan en 1921, casi una década antes de que Estados Unidos considerase a Canadá un enemigo digno de un plan de actuación.

El plan defensivo de Canadá seguía la lógica de quien sabe que no puede ganar. Su ejército era insignificante en comparación con el estadounidense, y la industria estaba demasiado expuesta a pocos kilómetros de la frontera. Esto convertía en objetivo esencial aguantar los primeros envites el tiempo suficiente hasta que llegase apoyo de otros países de la Commonwealth. Y, como se suele decir, no hay mejor defensa que un buen ataque.
La solución de Brown contemplaba lanzar cinco ataques simultáneos a Portland, Fargo, Niagara Falls6, Albany y el estado de Maine. Esos cinco ataques buscaban algo dinámico y en ningún caso tomarían el control de ninguna ciudad. Brown sabía que era imposible luchar directamente contra el ejército estadounidense, pero sí que podía intentar dividir sus fuerzas para que les llevase más tiempo estructurar una invasión terrestre. Cuando el ejército enemigo se desplegara en cada uno de esos cinco puntos, las tropas canadienses comenzarían la retirada, asegurándose de que todos los puentes, ferrocarriles y medios de transporte quedaran totalmente destruidos.
El plan se archivó en 1928, dos años antes de que Estados Unidos diseñase su Plan Rojo para invadir Canadá. El jefe del Estado Mayor, Andrew McNaughton, consideró que era peligroso tener un plan así para defenderse de un aliado, ya que, si se destapaba la estrategia, podría causar una crisis diplomática difícil de afrontar.
Los documentos que contenían los detalles fueron quemados, y tan solo se conservaron fragmentos. La única razón por la que este plan vio la luz fue porque Estados Unidos desclasificó su Plan Rojo, lo cual dio libertad para mostrar que Canadá ya tenía la respuesta pensada incluso antes de que Estados Unidos barajase siquiera la posibilidad de atacar.
Epílogo
Estos dos planes, leídos hoy, dan escalofríos. La ONU, la OTAN, la Unión Europea y otras organizaciones supranacionales se crearon para fomentar la cooperación internacional y la defensa conjunta, pero también como mecanismo para limitar la fricción entre países cercanos. En Occidente llevamos décadas acostumbrándonos a un acuerdo de no agresión que hacía impensable la necesidad de tener planes así, pero la realidad ha demostrado ser mucho más traicionera de lo que creíamos.
Tener planes para todo, incluso para lo imposible, no era una estrategia única de Canadá o Estados Unidos, sino que era una práctica común de cualquier estado moderno. Estos planes no hablan de las posibilidades de que algo ocurra, sino de la necesidad de estar preparado para que la sorpresa no te pille desprevenido. En la mayoría de los casos, y definitivamente en el caso del Plan Rojo y el Defence Scheme No. 1, estos planes de contingencia no contaban con la aprobación de los jefes de Estado, pero sí que eran estrategias internas del ejército por si fuera necesario ejecutarlas en algún momento.
Seguramente estos planes nunca desaparecieron por completo; simplemente se readaptaron a las nuevas circunstancias. Y, posiblemente, en los últimos meses esos planes estén cambiando y adaptándose rápidamente a los tiempos que corren.
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Estas fueron sus declaraciones hace apenas cinco días, el pasado 10 de marzo.
Como detalle curioso, Canadá y Estados Unidos son los dos países que comparten más kilómetros de frontera del mundo, como ya conté por aquí.
No solo la Casa Blanca; quemaron casi todo Washington.
El Plan Rojo se mantuvo en secreto hasta que se desclasificó en 1974.
En los años 20, Lindbergh fue uno de los héroes más reconocidos de la aviación estadounidense. Años más tarde, varios de sus artículos sobre superioridad étnica y eugenesia le acercaron a posturas nazis, aunque esto es algo que siempre negó.
Hay dos ciudades llamadas Niagara Falls, una a cada lado de la frontera. La razón por la que el plan quería tomar la Niagara Falls de Estados Unidos era para proteger la energía de la central eléctrica de las Cataratas del Niágara.



Qué interesante. Nos hemos acostumbrado a creer que entre aliados no habría siquiera semejantes planes bajo la mesa. Pero era una costumbre ingenua.