Buen domingo a todos,
Hay algo que existe en América de lo que carecemos por completo en Europa Occidental: la inmensidad. Tenemos ciudades monumentales, hay playas y parajes de montaña, e incluso parques naturales únicos, pero todo ello es comedido si lo comparamos con lo que nos podemos encontrar en América. Da igual que elijas el norte o el sur; en los dos subcontinentes te puedes encontrar ciudades enormes y parajes naturales inmensos.
Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en pleno corazón de Sudamérica. La Amazonía se extiende por un territorio prácticamente equivalente al de Europa1. A pesar de ser un territorio que cercaron pronto españoles y portugueses, hasta 1707 no se levantó un mapa sobre el terreno, cuando Samuel Fritz publicó el suyo tras décadas recorriendo el río Amazonas. En él afirma que el río está repleto de gente, aunque decide únicamente representar los pueblos más conocidos.

La Amazonía no solo era inmensa, sino que era muy difícil de recorrer más allá de los ríos. Sí que había información de múltiples pueblos indígenas, pero los contactos no solían ser continuos y se limitaban a los cauces fluviales. Más allá se mantenía una inmensidad que ni españoles ni portugueses sabían lo que escondía.
El reparto antes de la exploración
La primera frontera que se trazó a lo largo de la Amazonía fue en 1494, cuando el Imperio español y el Imperio portugués firmaron el Tratado de Tordesillas. Era una línea recta que seguía al meridiano que se encontraba a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, de tal modo que lo que quedaba al este sería portugués y lo que quedaba al oeste sería español. La línea mejoraba en cien leguas el acuerdo previo, pero al corresponderse con los 46° O dejaba a Portugal en una franja costera que pronto resultaría escasa.

En la práctica, la línea perdió sentido poco a poco. En 1580 se estableció la Unión Ibérica entre España y Portugal, y cuando se disolvió en 1640, los portugueses ya se habían acostumbrado a asentarse mucho más allá de los límites del tratado. A comienzos del siglo XVIII, los bandeirantes2 encontraron oro en medio del continente, lo que provocó un efecto llamada con el que llegaron cientos de aventureros y exploradores que terminaron asentándose.
Era evidente que hacía falta un nuevo tratado que representara la realidad de la Amazonía. El rey João V se lo encargó al brasileño Alexandre de Gusmão, su secretario, para que tirase de su conocimiento de Brasil y sacara el mayor provecho posible. En un territorio tan complicado, era mucho mejor que las fronteras estuvieran trazadas por ríos y montañas en vez de líneas arbitrarias, así que forzó que se aplicase el principio uti possidetis, que designa un territorio a aquel que lo ocupa.
El Mapa das Cortes, elaborado en 1749, fue utilizado por Gusmão para ilustrar su propuesta y convencer al negociador español de que la aceptara. En él se agrupaba el conocimiento de múltiples exploradores, viajeros y misioneros portugueses, así como los apuntes de algunos mineros. Y como solía pasar en esta época, lo que no se sabía se interpretaba imaginativamente. La región entre el Amazonas y Charcas se dibujó de forma idealizada, tan solo sabiendo que allí nacían grandes afluentes del río.

Por si todo esto fuera poco, el canal de Rio Grande de São Pedro también aparece situado 330 kilómetros hacia el este, situándolo al este de la delimitación de Tordesillas. Y aunque pueda parecer un error, no se trata de ningún descuido, ya que su posición había sido calculada con exactitud y estaba presente en las fuentes de la época. El hecho de que no haya rastro de la línea de Tordesillas y que las longitudes no estén numeradas en el mapa hace pensar que todo buscaba ocultar ese pequeño error.
Para que esto resultase interesante para el Imperio español, Portugal tuvo que entregar la Colonia del Sacramento, fundada en 1680 en la orilla norte del río de la Plata, frente a Buenos Aires. De este modo, España cedía un terreno que ni conocía y ganaba el control de la navegación y la desembocadura de un río que era fundamental para sus intereses. El acuerdo se firmó en Madrid en 1750, puso fin a la línea de Tordesillas y trazó una nueva frontera que ya describía algo muy parecido al Brasil de hoy3.
El vacío de la Amazonía y la explotación del caucho
Brasil proclamó su independencia de Portugal el 7 de septiembre de 1822 y, a partir de aquel momento, toda la Amazonía quedó sobre una única provincia, Pará, sin que el nuevo país supiera quién habitaba ese vacío. Casi toda la información que llegó durante las primeras décadas de independencia llegó de la mano de los muchos naturalistas que se adentraron en la selva para explorar y describir su riqueza.
Entre todos ellos, me voy a permitir destacar a Carl Friedrich Philipp von Martius. Este botánico alemán recorrió el interior de Brasil entre 1817 y 1820 y fue quien impulsó la mayor recopilación hecha hasta entonces sobre la flora del Amazonas, así como de sus distintas propiedades. Esta es posiblemente la razón por la que también publicó algunos artículos sobre los pueblos indígenas, centrados en sus enfermedades y medicinas, pero que también describían sus lenguas y culturas. Todo ese trabajo secundario de von Martius terminó plasmado en un mapa de 1867 donde se repasaban los principales grupos indígenas de Brasil y su distribución4.

Mientras los naturalistas clasificaban pueblos por sus lenguas, el Estado empezaba a contar personas. En el censo de 1872 se registraron 386.955 indígenas, un 3,9 % de la población del país. En el censo de 1890, este número se disparó hasta 1,3 millones de indígenas, alcanzando el 9,6 % de la población de Brasil5. Después, los indígenas brasileños desaparecieron de las estadísticas durante más de un siglo, y lo que no se cuenta deja de dibujarse. En este mapa demográfico de Brasil de 1908, casi toda la Amazonía aparece en amarillo, un color reservado para los territorios con menos de un habitante por kilómetro cuadrado.

Casualmente, o no, este momento coincide con la fiebre del caucho. Entre 1879 y 1912, la producción y exportación de caucho se disparó en la región, lo que empujó a muchos brasileños del Nordeste a migrar a la Amazonía. Se estima que llegaron más de 150.000 trabajadores, lo que pudo suponer cerca del 20 % de la población amazónica a finales del siglo XIX. Los trabajadores recién llegados se repartían por los seringais, que era como se conocía a las extensiones de selva donde crecían los árboles de caucho. Cada seringueiro vivía solo en su parcela y tenía que recorrer cada día los senderos que unían los árboles para recoger el látex.
El sistema económico que sostenía y organizaba todo se llamaba el aviamento. Era una cadena de crédito en la que nadie veía dinero, ya que la casa exportadora adelantaba mercancías al dueño del seringal y este, a su vez, adelantaba al seringueiro las herramientas y la comida, todo ello como deuda a pagar. El caucho que se recogía iba destinado a pagar la deuda, pero nunca al ritmo que permitiera deshacerse de ella por completo. Sobre el papel eran trabajadores libres; la historiografía denomina a esta relación servidumbre por deuda; para mí no es más que otra forma de esclavitud.
Algunos de los seringais no estaban en Brasil, sino en el Acre, oficialmente territorio boliviano. Los trabajadores brasileños atravesaban la frontera porque allí había caucho, y acabaron ocupándolo de hecho, lo que derivó en varios años de enfrentamientos. Esto se zanjó con el Tratado de Petrópolis de 1903, con el que Bolivia cedió 191.000 kilómetros cuadrados a cambio de dos millones de libras esterlinas6 y el compromiso de Brasil de construir el ferrocarril Madeira-Mamoré que diera salida a las exportaciones bolivianas.

Brasil cumplió su compromiso y el ferrocarril se construyó entre 1907 y 1912, pero ese mismo año el mercado internacional hundió la economía de la Amazonía. En Asia se comenzó a cultivar caucho a finales del siglo XIX a partir de semillas amazónicas, y llegó al mercado a partir de 1910, lo que hizo que Brasil perdiera el monopolio. La competencia hizo que muchas casas comerciales quebraran, muchos seringais fueron abandonados y la población tuvo un nuevo retroceso.
La marcha hacia el Oeste
Con el abandono de los seringais, también se marchó la iniciativa privada como motor de colonización de la Amazonía, lo que dejaba al Estado como el único que continuaba intentándolo. Entre 1907 y 1915, una comisión dirigida por Cândido Rondon tendió el telégrafo hacia el norte y, de paso, cartografió varias regiones de la selva que nadie había medido antes. El resultado se publicó en la Exposición del Centenario de la Independencia, en 1922, en forma de carta esquemática provisional7.
Ahí aparecían todas las líneas construidas en el Estado de Mato Grosso, los yacimientos descubiertos y los indios pacificados8.

Pero el verdadero cambio de estrategia llegó en 1937, con el golpe de Estado de Getúlio Vargas y la instauración del Estado Novo9. Tan solo siete semanas después del golpe, en el discurso de fin de año, anunció la Marcha para o Oeste10, con la que buscaba poblar definitivamente el interior de Brasil.
La campaña tuvo su cartel11, y es uno de esos que se explican solos. Vargas y un Brasil totalmente vacío comparten el protagonismo. Vargas alza la mano sobre el país, que no muestra ríos, estados o ciudades, sino múltiples trenes y viajeros que se adentran hacia la Amazonía. En la parte inferior, la frase que marcó su discurso de fin de año: O verdadeiro sentido de brasilidade é a marcha para o Oeste12.

Más allá de las consignas, la dictadura también tenía un plan en tres frentes. El primero era realizar un reconocimiento de todo el interior de Brasil, para lo que el gobierno creó el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística en 1938, junto a los consejos nacionales de Geografía, Cartografía y Estadística, con el objetivo de producir información que permitiera vencer los vacíos territoriales del país.
El segundo frente fue trasladar gente hacia el interior. Para ello se crearon las colonias agrícolas nacionales en 1941, que contaban con reparto de tierra para las familias que emigraran y se instalaran en el interior. Una vez más, la gran mayoría provenía del Nordeste del país, justo la misma gente que un par de generaciones antes había acabado atrapada en los seringais.
Por último, el gobierno también se aseguró de conectar el interior con el resto del país. Estableció el Departamento Nacional de Estradas de Rodagem, con el que diseñó y construyó una red de carreteras, a la que más tarde se sumarían pistas de aterrizaje y algunas líneas de ferrocarril.
Para sustentar este cambio del equilibrio poblacional del país, el gobierno también efectuó cambios administrativos para dotar de mayor poder a las nuevas colonias. Se crearon cinco territorios segregados de otros estados ya existentes, aunque solo tres se mantuvieron en la Constitución de 1946: Amapá, Rio Branco y Guaporé13.

Mientras la Marcha hacia el Oeste colonizaba el interior, en 1944, el etnólogo alemán Curt Nimuendajú aún seguía buscando una verdad sobre algo que la dictadura brasileña estaba optando por obviar. Aunque los censos no hablaran de ello, la Amazonía seguía sin estar vacía. Según la información recopilada por Nimuendajú, al menos había 1.400 grupos indígenas distribuidos por Brasil y regiones vecinas14, todos ellos con su cultura, su lengua y las migraciones a las que estaban siendo empujados.
Setenta y siete años después del mapa de von Martius, Nimuendajú volvía a plasmar esa realidad en un mapa etnológico actualizado.

El balance de la Marcha, tal y como lo contaron sus protagonistas, fue todo un éxito. Se fundaron cuarenta y tres ciudades y pueblos, se construyeron diecinueve pistas de aterrizaje y se abrieron mil quinientos kilómetros de senderos transitables. En dos décadas, la población pasó de medio millón de habitantes en 1940 a más de dos millones en 1960.
Y sí, el gobierno también afirmó haber contactado con más de 5.000 indígenas, pero la realidad es que los indígenas nunca formaron parte de la historia oficial. Ellos ya estaban allí. Se les borró de los censos y se colonizó su tierra.
En 1991, los indígenas brasileños volvieron al censo, con tan solo 294.000 personas registradas15. Supongo que fueron los únicos que lograron permanecer.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1300 que tiene el catálogo.
Si te gusta lo que lees, no dudes en suscribirte para recibir un correo con cada nuevo artículo semanal. El correo de bienvenida vendrá además con una sorpresa que apreciarás si te gustan los mapas.
Excluyendo Rusia. Europa sin Rusia tiene unos 6,2 millones de kilómetros cuadrados, mientras que la Amazonía tiene casi 6 millones de kilómetros cuadrados.
Los bandeirantes eran integrantes de expediciones armadas que salían de São Paulo hacia el interior entre los siglos XVI y XVIII. Eran de carácter privado y buscaban indígenas para esclavizar y, más tarde, piedras preciosas y oro.
Esta historia se complica luego mucho. El Tratado de Madrid se anuló en 1761, pero la disputa fronteriza se alargó durante décadas. Hubo muchos acuerdos y tratados posteriores, pero las fronteras del interior apenas cambiaron.
Principalmente centrado en los pueblos tupíes, de los que el mapa incluye también sus migraciones.
Tanto el censo de 1872 como el censo de 1890 incluían un número de caboclos, que es como se suele conocer a los mestizos en Brasil. De todos modos, está claro que ese término se utilizó en el censo de 1872 para indígenas “puros”, pero es probable que en 1890 ese término también incluyera a mestizos. Y de ahí, el gran incremento en tan solo 18 años.
Este es uno de los muchos tratados que fueron responsables de las pérdidas territoriales de Bolivia, lo que da para escribir largo y tendido algún día. Mientras tanto, echad un vistazo a este mapa.
No he encontrado ninguna copia digitalizada del mapa original de 1922, pero sí que he encontrado una reproducción de 1952, que es la que incluyo un poco más abajo.
Los indios pacificados era una denominación del gobierno brasileño para referirse a los pueblos indígenas que habían dejado de atacar las obras públicas y asentamientos brasileños. Dicho de otro modo, los que habían dejado de oponer resistencia.
No confundir con el Estado Novo portugués.
Marcha hacia el Oeste en español.
Me consta que el cartel está en el Arquivo Nacional de Río de Janeiro, pero no he podido confirmar ni el autor ni la fecha exacta.
“El verdadero sentido de la brasilidad es la marcha hacia el Oeste”.
Guaporé se convirtió en el estado federal de Rondônia en 1981, Amapá se convirtió en estado en 1988 y, ese mismo año, Rio Branco pasó a ser el estado de Roraima.
El número incluía los ya desaparecidos.
El censo contabilizaba indígenas autodeclarados.


