Buen domingo a todos,
Desde que empecé a trabajar el 100 % del tiempo desde casa en abril de 2019, una de las cosas que me propuse y he intentado cumplir es salir todos los días a andar1. Todos los que trabajéis en casa sabréis que es extremadamente fácil caer en la trampa y terminar un día tras otro sin salir de casa nada más que para las cosas esenciales, lo cual te hace enfrentarte al abismo de la vida sedentaria. Pero claro, cuando llega un pico de trabajo, un bajón en el estado de ánimo o un poco de flojera física, es muy fácil romper la rutina y quedarse tirado en el sofá.
Para evitar caer en esa vagancia, he buscado mil y una formas de engañarme para mantener ese mínimo necesario de actividad física2. Mi último recurso es Claim the Earth, un juego que descubrí hace unas semanas y que este pasado lunes, cuando estaba tranquilo en casa, decidí instalar en mi móvil para usarlo en mis paseos. La idea es sencilla e interesante a la vez. El mundo está dividido en 1,66 billones de hexágonos3 de unos 300 metros cuadrados, y todos se pueden reclamar si estás situado sobre cada uno de ellos y nadie más los ha reclamado antes. No se pueden comprar casillas ni reclamarlas trampeando la ubicación del móvil: necesitas que el GPS de tu móvil te sitúe en ese punto concreto.
Pero hay otra premisa del juego que me parece al menos tan interesante como su perspectiva geográfica. Cada vez que te sitúas sobre un hexágono, ya haya sido reclamado por ti o por otra persona, puedes tomar una fotografía y subirla. Esa fotografía únicamente se puede tomar desde la aplicación y estando situado sobre ese hexágono en ese momento, lo que permite mostrar la realidad de ese rincón del mundo. De alguna forma, tal y como leí en Climbing Moss, se puede interpretar esto como un empujón para recuperar la fotografía urbana espontánea.
Ahora todos llevamos una cámara en el bolsillo todo el tiempo, pero parece que únicamente nos acordamos de ella cuando estamos con amigos, con familia o de visita en algún lugar pintoresco o icónico. Nos olvidamos de las calles por las que pasamos todos los días, sin pensar mucho que ese presente que nos resulta monótono no durará para siempre. Los comercios cambiarán, las calles cambiarán y todo eso que resultaba monótono quedará en el pasado sin que nadie lo haya inmortalizado. Esto que a muchos os puede parecer banal, a mí me resulta profundamente importante. Para mí, lo que vivimos a lo largo de la vida no son únicamente los momentos más felices y los momentos más tristes; también son todos los momentos repetitivos que pueden resultar cansinos, pero cuando se terminan, nunca podremos volver a ellos.

Nadie viajará a Segovia para fotografiar esto, pero si yo me tomo un rato y dejo la fotografía en un repositorio, al menos no será un recuerdo que se perderá conmigo cuando se derribe el muro. Y quién sabe, quizá también le resulte interesante a alguien en algún momento. Esto no es Instagram, ya que está ligado al lugar donde se toma la foto y no busca necesariamente likes. Tampoco es Street View, porque no hace un barrido incondicional por todas las calles transitables de un país. Son fotografías tomadas con una intención en un punto concreto.
Además, las fotografías no son un simple añadido, sino una piedra angular del juego. Cada 25 reclamos, el juego te exige que hayas tomado al menos una fotografía de uno de esos hexágonos; si no es así, no te permite seguir reclamando territorio. Esa urgencia también hace que, en algunos momentos, termines fotografiando costumbrismo en estado puro, que quizá sea lo más interesante dentro de unas décadas, cuando el mundo haya cambiado lo suficiente como para que algunas cosas de nuestra sociedad se hayan perdido para siempre.
La novedad me ha hecho andar esta semana más de lo que había andado en mucho tiempo. En vez de recurrir a los mismos paseos de siempre, me he obligado además a diversificar para ir recorriendo poco a poco sitios de mi ciudad por los que llevaba tiempo sin pasar. El paseo de 20 minutos no es siempre el mismo, el de 40 minutos tampoco, y el del domingo por la mañana ha sido más creativo que en muchos años. La semana de la novedad, como no podía ser de otra forma, he caído en algunos de los recorridos que más me gustan, aunque en algunos puntos me he desviado para visitar rincones por los que llevaba muchos años sin estar. Puede que incluso décadas en algún caso.
Mi interés por la geografía y la cartografía4 me ha hecho indagar sobre esta particular división del mundo en 1,66 billones de hexágonos. Resulta que utiliza la malla H3, que Uber publicó como código abierto en 2018 para resolver un problema muy particular de la empresa: agrupar peticiones de viajes y coches disponibles en cada celda. Con esa información, Uber resolvió problemas en su sistema de tarifas dinámicas, lo que era mucho más fácil que con una cuadrícula al uso, ya que el centro de un hexágono está siempre a la misma distancia de sus seis hexágonos contiguos.
La geometría de la malla H3 es realmente fascinante. A pesar de que la premisa de que el mundo está dividido en 1,66 billones de hexágonos es una buena aproximación, no es del todo cierta. Una esfera no puede cubrirse únicamente con hexágonos, así que para lograr esta aproximación, la malla se construye mediante un icosaedro, el poliedro construido con 20 triángulos equiláteros. Cada una de esas caras se proyecta sobre la superficie de la Tierra con una proyección gnomónica. Para evitar deformaciones en tierra firme, el icosaedro también está colocado de una forma muy particular, siguiendo la misma orientación que eligió Buckminster Fuller para su mapa Dymaxion y dejando los vértices en el mar.

Los vértices de este inmenso icosaedro también tienen una historia muy chula. Si os fijáis, cada uno de ellos une cinco caras del poliedro, lo que exige que en cada uno de esos vértices haya un pentágono. Así que la aproximación de que el mundo está dividido en 1,66 billones de hexágonos en realidad significa que hay un total de 1.660.954.464.110 hexágonos y 12 pentágonos. Sería molón reclamar alguno de los doce pentágonos, por eso de que son únicos, pero Fuller se aseguró de que esos doce vértices estuvieran en medio del mar, por lo que los doce pentágonos también han acabado en el mismo lugar5.
Ayer por la tarde-noche estaba sin nada que hacer, así que me propuse encontrar uno de esos pentágonos en Claim the Earth. Elegí uno de los que están más cerca de tierra firme, a apenas 18 kilómetros, y después de unos minutos buscando lo encontré aquí. Mola ver cómo se redibujan los patrones de hexágonos a partir de este pentágono.
Gary Piazzon es la persona que se encuentra detrás de este proyecto. Es un emprendedor galés que, tal y como contó a Business News Wales, montó el juego en unas pocas tardes y lo lanzó el 11 de agosto. En los tiempos que corren, todo esto es posible, sin duda, gracias a herramientas como Claude Code6, pero tampoco hay que menospreciar la disponibilidad de datos tan útiles como OpenStreetMap, el mapa que se encuentra por debajo, y la malla H3 de Uber.
Inicialmente se lo pasó a unos amigos, pero tras hacerse viral en TikTok, en apenas ocho días ya se habían reclamado 100.000 hexágonos. En el momento en que escribo esto, casi tres meses más tarde, ya hay 2.560.076 hexágonos reclamados y decenas de miles de personas han jugado en algún momento. Se ha reclamado territorio en más de 100 países, aunque el Reino Unido aún acapara la gran mayoría de los usuarios.
Quizá lo mejor del juego es que cada usuario hace un poco lo que le apetece. Lo que veis arriba es el trabajo de un grupo de usuarios que, cada uno con un color7, se juntaron en la península de Gower, en Gales, para pintar un frailecillo celda a celda. Un total de 343 celdas coloreadas por seis jugadores para dibujar sobre el lienzo de la Tierra.
Yo, por mi parte, estoy en mi empeño sostenido de intentar pasar por todas las celdas en el espacio público de Segovia, mi ciudad. Seguramente me lleve semanas, pero seguirá siendo una excusa magnífica para salir dos o tres veces al día a pasear con un poco más de intención de lo habitual. Una motivación especialmente útil cuando nos acercamos a una de las épocas más lluviosas, oscuras y frías del año.
En juegos como este, es imprescindible tener en cuenta la privacidad y el rastro que dejas. Si bien el juego no publica la posición exacta ni el trayecto recorrido8, los hexágonos apenas tienen 20 metros de punta a punta. Por eso, el juego permite elegir qué hexágonos dejas como anónimos, de tal modo que, aunque sean de alguien, nadie pueda saber de quién son. Igualmente, si decidís jugar, os recomiendo no dejar ninguna pista que pueda hacer público algo que no queráis que sea público, ya sean los sitios que pisáis o las fotos que hacéis.
Si a alguno de vosotros le llama la atención, podéis encontrarme aquí. Ahora mismo, en toda España hay poco más de 40.000 hexágonos reclamados, así que hay aún muchísimos sitios que recorrer. En el resto de países hispanohablantes, la situación aún es mucho más limpia, ya que todos ellos tienen menos de 700 hexágonos reclamados. También he creado un squad para que podamos ver el progreso de todos los que nos apuntemos.
PS: Y no, no tengo ninguna relación con el juego. Simplemente me ha parecido curioso y entretenido. ¡A saber por cuánto tiempo!
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1.400 que tiene el catálogo.
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En realidad, es una propuesta que me autoimpuse allá por 2010-2011, pero cuando trabajaba fuera era mucho más sencillo cumplirlo que cuando empecé a trabajar en casa. Sin obligación de salir de casa, hay que hacer un esfuerzo extra que a veces no es tan sencillo como parece.
Más o menos a la vez acepté que el mínimo de actividad física es hacer dos o tres veces a la semana ejercicio de fuerza y andar de forma regular. Puede que no sea una aproximación perfecta, pero sí lo suficientemente buena como para que sea fácil mantenerla.
Billones europeos. Es decir, millones de millones.
Y el hecho de que había pensado en escribir esto esta semana en la newsletter también, claro está.
Por si tenéis la misma curiosidad absurda que yo, estos son los doce puntos donde Fuller puso sus vértices y donde están los doce pentágonos de la malla H3:
64.70000, 10.53620 (mar de Noruega)
50.10320, -143.47849 (océano Pacífico norte)
39.10000, 122.30000 (mar Amarillo, frente a Liaodong)
23.71793, -67.13233 (Atlántico, al norte del Caribe)
10.44735, 58.15771 (mar Arábigo)
2.30088, -5.24539 (golfo de Guinea)
-2.30088, 174.75461 (Kiribati)
-10.44735, -121.84229 (Pacífico sur)
-23.71793, 112.86767 (frente a Australia Occidental)
-39.10000, -57.70000 (frente a la provincia de Buenos Aires)
-50.10320, 36.52151 (océano Austral, Príncipe Eduardo)
-64.70000, -169.46380 (océano Austral)
Por supuesto, el uso de Claude Code, Codex o cualquier otra herramienta de IA para el desarrollo no es magia. Hace falta alguien al volante con buenas aptitudes.
Por defecto, los hexágonos de todos los jugadores son naranjas. Pero si te haces usuario pro, por unas 3 libras al mes, puedes cambiar el color de tus hexágonos. Las funcionalidades pro se limitan a aspectos cosméticos y estadísticas disponibles, nada que cambie la dinámica del juego en sí.
Puedes incluso poner que todos los hexágonos que recorres no aparezcan en el mapa público hasta un día después de haber pasado por ahí.







