El mapa Dymaxion, el mundo en una sola isla
Newsletter #173 – 2026/03/08
Buen domingo a todos,
El mes pasado, Javier Jurado publicó un magnífico artículo en su newsletter sobre los orígenes del ser humano en el Gran Valle del Rift y el Triángulo de Afar1, y cómo eso pudo no ser una cuestión de azar. El texto ahonda en la geología, el clima, la diversidad y la adaptación de nuestros antepasados. Pero entre toda información, maravillosamente entrelazada, me llamó la atención la elección de un mapa concreto.

Se trata de un mapa, obra de Jeff Blossom para National Geographic, que representa los 34.000 kilómetros que tuvo que recorrer el ser humano desde sus orígenes en el Rift hace 200.000 años hasta su llegada a Tierra de Fuego hace unos 10.000 años. Pero lo que me llamó la atención a mí fue que Javier eligiera precisamente un mapa Dymaxion, algo muy poco común.
Ya comenté a Javier que algún día escribiría sobre este mapa y, más concretamente, sobre lo bueno que es este mapa para representar la gran migración humana2.
Fuller y el problema de los mapas
Creo que he hablado ya muchas veces de los problemas con los mapas, pero posiblemente nunca sean suficientes. Por mucho que nos empeñemos, el mapa correcto no existe, ya que es imposible representar una esfera en el plano. Y muy a pesar de algunos, la Tierra no es plana, sino esférica, así que la única opción que tenemos es sacrificar alguna medida.
Entre las tres propiedades fundamentales de los mapas, ángulos, áreas y distancias, Gerardus Mercator optó por preservar los ángulos, ya que era la necesidad más imperante en el siglo XVI para la navegación. Pero claro, cuando los mapas empiezan a llegar a otros lados, el hecho de que se siga utilizando esa misma proyección es un problema. James Gall fue el primero en criticarlo, a finales del siglo XIX, y a él le siguieron muchos otros durante todo el siglo XX.
Ahí es donde nos encontramos con Richard Buckminster Fuller.

Fuller fue un hombre muy peculiar. Nació en Milton, Massachusetts, en el seno de una familia con recursos. Eso le permitió llegar a Harvard y, aunque nunca comulgó en exceso con el sistema rígido académico, se consiguió graduar. Eso sí, después optó por trabajar en distintas fábricas e incluso pasar un tiempo en la Marina, donde se expuso a conocimientos sobre navegación y sistemas náuticos, los que le serían útiles más adelante.
Como suele suceder con la vida, Fuller también terminó asentándose y trabajó en una empresa familiar de construcción que fundó junto a su suegro. La aventura no le duraría mucho, ya que a los 32 años perdió el trabajo y la empresa, lo que le llevó a una crisis existencial que le hizo replantearse su forma de ver el mundo. Ahí es donde nació un hombre que buscaba poner la humanidad por delante del individuo, obviando los incentivos del sistema capitalista en el que se había criado.
Entre sus obsesiones estaban los sistemas y la optimización, el hacer más con menos. Acuñó la marca personal Dymaxion, la que utilizó para nombrar todo lo que diseñó bajo ese principio. Su formación como arquitecto y la experiencia en sus diversos trabajos le ayudaron a crear múltiples inventos: un coche de tres ruedas, un baño instalable como si fuera un electrodoméstico, una casa prefabricada suspendida sobre un mástil central. Él lo llamaba tecnologías de vida, en contrapunto a las tecnologías de guerra que dictaban los avances a comienzos del siglo XX.
Y, por supuesto, entre todos esos inventos había un mapa, el mapa Dymaxion.
El mundo en una sola isla
La idea tras el mapa Dymaxion, también conocido como la proyección de Fuller, surgió en 1943, en un artículo que Fuller publicó en la revista Life. Ahí se introducía brevemente su primera versión de esta nueva proyección3, en la que la superficie terrestre se adaptaba a un cuboctaedro4, un poliedro de 14 caras, 6 cuadradas y 8 triangulares.
Once años después, en 1954, Fuller unió fuerzas con el arquitecto Shoji Sada y presentaron una versión mejorada y definitiva del mapa: una proyección en la que el mundo se adaptaba a un icosaedro regular de 20 caras triangulares. En lugar de proyectar la superficie terrestre sobre un cilindro o un cono, como hacen matemáticamente la mayoría de las proyecciones cartográficas populares, en esta Fuller y Sada proyectan las distintas partes de la Tierra sobre el triángulo del icosaedro que está más cerca5.
El resultado sería esto que veis más abajo.

Una vez que la Tierra tiene forma de icosaedro y no de esfera, el problema desaparece. Ahora sí que podemos desarrollar esto en el plano. De hecho, podemos elegir cómo queremos desarrollar exactamente esta figura sobre el plano, dependiendo de qué triángulos nos interesa mantener juntos y cuáles nos interesa mantener separados.
Fuller, cuando presentó esta nueva versión del mapa Dymaxion en 1954, optó por una forma de desarrollarlo muy concreta. Tenía claro que quería que su mapa mostrara el planeta como una sola isla rodeada de un solo océano, sin distorsión apreciable en los contornos o los tamaños, y sin dividir a ningún continente.

Junto al mapa, Fuller también incluyó una crítica directa al resto de mapas existentes. Según su punto de vista, todos los mapas tradicionales reforzaban todo lo que separaba a la humanidad, en vez de buscar un punto de vista comprensivo y global. Entendía que las sociedades quedaban disociadas, se situaban de forma remota y prevalecía una idea política por encima de todo lo demás.
Con este mapa, todos los continentes quedaban agrupados. No se puede decir que fuesen una isla, pero sí un archipiélago continuo. Asia, Europa y África se ven tan agrupadas como lo están en la realidad, y Eurasia se acerca a América por el polo norte. Oceanía queda plasmada como un puñado de islas que continúan más allá del sudeste asiático, y la Antártida queda como otra isla un poco más allá de Tierra de Fuego.
De forma indirecta, aunque Fuller nunca declarase que fuera su intención, este mapa del mundo también carecía de norte6. Es verdad que los colores ayudan a comprender las latitudes más cercanas al ecuador y las que están más próximas a los polos, pero no hay ningún punto cardinal que tome prevalencia sobre el resto. La Tierra se convierte en un sistema en el que la jerarquía y la orientación no tienen cabida.
El mapa que cuenta la historia del ser humano
Con todo este contexto, es momento de volver al mapa de la gran migración humana. La razón por la que me llamó especialmente la atención la imagen que os he puesto al principio de este artículo de hoy, la publicada por Javier Jurado en su newsletter, no es solo porque se tratase del mapa Dymaxion. También porque es precisamente uno de los mejores usos que he visto para esta particular proyección, en un mapa que lleva más de 20 años en Wikimedia Commons y que os pongo más abajo.

Como ya sabéis, cuando hablo de proyecciones cartográficas, me gusta incidir en que no existe una proyección mala, ya que distintas proyecciones pueden servir a la perfección para distintos propósitos. Precisamente, la proyección de Fuller es la que mejor transmite la expansión del Homo sapiens desde el Gran Valle del Rift a todos los rincones del mundo.
Aquí se intuye mucho mejor que la historia de la gran migración humana fue un proceso de pasos cortos y continuos. Que no hubo necesidad de atravesar grandes océanos como el Pacífico o el Atlántico7, que suelen aparecer como accidentes infranqueables en muchas proyecciones. El uso de esta proyección permite quitar del mapa todo el ruido que no aporta valor a la hora de entender cómo llegó el ser humano hasta la Patagonia.
Yendo más allá, utilizando esta forma de desarrollar el icosaedro, o la que mantiene todos los océanos juntos, el mapa Dymaxion es útil para representar cualquier idea que requiera continuidad. Además de para representar las migraciones humanas, sirve para las migraciones recientes de cualquier otra especie animal, pero también funciona bastante bien para rutas comerciales de la Edad Media o para entender mejor las corrientes oceánicas.
En contrapunto, es justo señalar que también tiene muchas limitaciones, como cualquier otra proyección. Precisamente porque no tiene orientación fija, es un mapa que exige unos conocimientos de geografía más sólidos para poder interpretarlo, hasta el punto de que puede resultar contraintuitivo para quien no está familiarizado con proyecciones más allá de las habituales.
Eso sí, para los que nos gustan los mapas y la cartografía, el trabajo de Fuller es oro.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1100 que tiene el catálogo.
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El Triángulo de Afar es un lugar fascinante, por múltiples razones. Y además tengo en el catálogo un precioso mapa sobre este lugar.
No sé a quién leí esta expresión la primera vez para referirse a la salida del Homo sapiens de África y su llegada a todos los rincones del mundo. Creo que no es un término académico como tal, ni siquiera está comúnmente usado en divulgación, pero me parece inmejorable.
Me la iba a guardar, pero por si tenéis mucha curiosidad, aquí podéis ver esa primera versión.
En la Wikipedia podéis leer más sobre el cuboctaedro. En simple, es una forma que se consigue tomando un cubo y recortando todas sus esquinas, formando triángulos que se unen entre sí, y dejando así en las caras originales del cubo un cuadrado de menor tamaño.
Al acotar la proyección únicamente a 20 triángulos optimizados por toda la Tierra, las deformaciones directas de esta proyección son limitadas dentro de cada triángulo.
En este artículo escribí hace tiempo sobre la convención que sitúa el norte en la parte superior de los mapas. El mapa Dymaxion es un ejemplo más de que no tiene por qué ser así, pero de una manera mucho más elegante, al no poner ningún punto cardinal en una situación privilegiada.
El mapa muestra únicamente la ruta de Beringia, que sigue siendo la hipótesis mejor respaldada por la evidencia científica. Aunque la teoría lleva décadas en revisión, lo que más se cuestiona es la ruta, que ahora se considera más probable que fuera costera a una ruta de interior. Las teorías que sostienen el poblamiento desde Australia o desde Europa/África tienen poco apoyo y carecen de evidencias genéticas y arqueológicas consistentes.



Muchas gracias por la referencia. Es fantástico ver cómo un mapa puede servir para transmitir una historia de unidad al igual que otros sirven para sembrar división. Y al mismo tiempo, es un mapa muy capaz de ilustrar el hecho de que siempre nos aproximemos parcialmente a la realidad: fue también inspiración para la otra publicación que también me inspiraste, y en la que también citaba a Fuller: https://newsletter.ingenierodeletras.com/p/aspirar-a-lo-inalcanzable. A base de poliedros regulares, imperfectos pero factibles, tratamos de aspirar a lo inalcanzable. Gracias por el genial artículo.