Buen martes a todos,
Si nos despojásemos de todo nuestro contexto cultural y conocimiento científico, ¿qué pensaríamos del lugar en el que habitamos? No tendríamos consciencia de ningún territorio más allá de lo que nuestros ojos pueden llegar a ver. Seríamos capaces de observar patrones en los cielos, como una gran luz que recorre los cielos de forma regular, aunque desconoceríamos conceptos absolutos y abstractos como los puntos cardinales. De algún modo, tendríamos un mundo limitado a nuestro entorno más cercano, tal y como lo describen los primeros mapas desarrollados por el ser humano.
Esa cosmovisión era la que tenía la humanidad antes de la aparición de las primeras civilizaciones. Existían las montañas, valles y ríos del ámbito más cercano, y todos los comportamientos extraordinarios que proporcionaba la naturaleza se explicaban mediante espíritus y dioses. ¿Y cómo era la Tierra más allá de nuestro entorno conocido? Seguramente algo a medio camino entre abrumador e irrelevante. Antes de las primeras civilizaciones, lo más probable es que la Tierra no fuera ni plana ni esférica. Cuando lo imperante era subsistir y proveer a la descendencia, había cuestiones que no tenían cabida.
Pero las sociedades se hicieron más complejas, y todas estas cuestiones comenzaron a tener cabida. Finalmente, hubo que poner forma al mundo en el que se vivía.
En un inicio, la Tierra era plana
Los Vedas son los cuatro libros sobre los que se fundamentaba la antigua religión védica. En ellos, se describía el universo como una superposición de discos planos que giran en torno a un eje común. Esta visión evoluciona a lo largo de las distintas civilizaciones del subcontinente indio hasta aparecer un océano rodeando el disco terrestre.
Las tradiciones hinduistas posteriores1 situaron este disco rodeado de agua sobre Kurmá, la segunda reencarnación del dios Vishnú, también conocido como Akūpāra al tomar la forma de tortuga. En la cultura popular occidental, además, se añadieron cuatro elefantes entre el disco terrestre y el caparazón de la tortuga, aunque todo apunta que esta interpretación proviene de una mala traducción del sánscrito2 que se realizó en Inglaterra a finales del siglo XVI3.
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Los mayas, posiblemente heredando parte de la tradición olmeca, describieron un universo totalmente distinto, dividido en 27 superficies horizontales superpuestas. Las 13 superiores constituían una pirámide que representaba el cielo, y las 13 inferiores formaban una pirámide invertida que representaba el inframundo. El plano intermedio, entre ambas pirámides, se correspondía con el mundo de los vivos, la Tierra.
El mundo de los mayas estaba dividido en cuatro sectores, con distintos colores, donde se cultivaba un tipo particular de maíz y donde se situaban cada una de las ceibas que sostenían la cúpula celeste. Según algunas interpretaciones, la propia Tierra era un dragón que nadaba sobre océanos de agua
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Los pueblos germánicos, también tuvieron su particular forma de ver el mundo. Con sutiles variaciones entre unos pueblos y otros, todas se asemejan mucho a la que nos ha quedado a través de la mitología nórdica. Todo el universo, estaba estructurado a través de Yggdrasil, un colosal fresno que representa el árbol de la vida. Tomando a Yggdrasil como eje articular, se sobreponen los nueve reinos de la cosmología nórdica.
El reino de los humanos, conocido como Midgard, era un plano circular rodeado de un océano en el que habitaba Jormungand, una serpiente gigante. Este imponente monstruo actuaba de enemigo del dios protector por excelencia, Thor. Dada la importancia de los mares para los vikingos, no debe sorprender que su mitología comprendiera una gran amenaza marina a la que se tenían que sobreponer.
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Estos son tan solo tres ejemplos, pero podríamos encontrar muchos más. En la Antigua China, hasta la llegada de los europeos, el universo se mantuvo como un plano limitado por cuatro laterales, desde los que se levantaba una cúpula celeste con forma de huevo. En las primeras civilizaciones de Mesopotamia y Egipto, el mundo era un plano circular rodeado de una masa ilimitada de océano que habría sido clave en la creación de los dioses y todo tipo de vida.
Cada civilización tenía su propia concepción del mundo, pero sorprendentemente con una gran consistencia. En todos ellos, aunque la forma variase sutilmente, la Tierra era plana, y los océanos se situaban en el exterior. Era muy común que la Tierra únicamente fuera uno de los muchos planos de la existencia, los cuales estaban unidos comúnmente por algún tipo de árbol. La existencia de un gran ser mitológico que sostenía el plano terrenal también solía ser un tema recurrente, siendo este en muchos casos algún tipo de reptil.
Pero esta casualidad no deja de ser una explicación fácil ante un problema difícil. Sin todo el conocimiento científico que poseemos hoy, lo natural era buscar la opción más simple que explicase las observaciones del día a día. Una Tierra plana es una buena simplificación, y que esta esté limitada por una masa de agua, como todas las costas existentes, también. Una cúpula celeste que sostuviera a los astros del día y la noche, impediría en cualquier caso que estos cayeran, pero a su vez la cúpula tendría que tener alguna estructura que la sujetara.
La prueba de la esfericidad de la Tierra
Con el florecimiento de la civilización griega, las cosas comenzaron a cambiar. El primero en plantear un concepto distinto al de la Tierra plana fue Anaximandro de Mileto, quien a mediados del siglo VI a. C. propuso un modelo en el que el norte y el sur se curvaban, mientras que tanto hacia el este como hacia el oeste, la Tierra se mantenía plana. A pesar de su novedosa visión cilíndrica, no hay constancia de que aportase muchos detalles para sustentar su teoría, y esta posiblemente sea la razón por la que apenas tuvo repercusión en pensadores posteriores.
Los primeros de quienes tenemos constancia de que plantearan una Tierra esférica fueron Pitágoras de Samos y Parménides de Elea, en el siglo VI a. C. La escuela pitagórica sostenía la armonía de las esferas, una teoría que planteaba un universo de cuerpos celestes esféricos que regían sus movimientos y distancias por proporciones musicales. Con esa cosmovisión, se entendía que la Tierra, en el centro, también tenía que ser esférica. Parménides, posiblemente consciente del planteamiento de Pitágoras, también habló sobre la esfericidad de la Tierra, pero con su muerte esa idea quedó olvidada.
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Pasó más de un siglo desde la muerte de Pitágoras hasta que alguien retomara la idea de la Tierra esférica. Aristóteles, en su concepción del universo y los elementos, entendió que la única naturaleza viable de la Tierra es que fuera una esfera. A diferencia de Pitágoras o Parménides, Aristóteles sí que supo aportar pruebas que sustentaran sus afirmaciones, y dejaran en evidencia que la Tierra no era ni plana ni cilíndrica.
La primera prueba que aportó fueron los eclipses lunares. Durante este evento, que sucede en torno a dos veces al año, la sombra de la Tierra se proyecta sobre la superficie lunar, gracias a lo que se puede observar con facilidad su forma redondeada. Dado que esto podía ser interpretado por sus colegas como insuficiente, también incluyó en sus explicaciones la realidad del horizonte. Además de la evidencia visual de los barcos que se esconden al fondo del horizonte cuando se alejan, también planteó que personas situadas en puntos distantes verían ligeras variaciones en las estrellas del firmamento. Esta sutil diferencia únicamente se sostiene cuando la Tierra es esférica.
Las pruebas que aportó Aristóteles fueron concluyentes para la cultura griega, al menos hasta el punto de que comenzaron a enseñarse de forma consistente en las escuelas.
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Igual que el resto del conocimiento aristotélico, la forma esférica de la Tierra es algo que impregnó todo el mundo helenístico, que fue heredado por el Imperio Romano y, más tarde, se continuó estudiando en el mundo árabe4 y en Occidente a lo largo de la Edad Media, con gran ayuda de la Iglesia Católica. La idea de una Tierra plana únicamente se mantuvo viva en la Antigua China, donde los conocimientos occidentales no llegaron hasta bien entrado el siglo XVII y, hasta entonces, mantuvieron la misma idea de un mundo plano con una cúpula celestial ovalada.
El revival de la Tierra plana
Si la humanidad ha sido relativamente consistente con la idea de una Tierra esférica durante más de 2000 años, ¿cómo es posible que todavía haya gente que crea que la Tierra es plana? Todo parece tener su origen en una campaña protestante contra la educación católica en el siglo XVII, la cual terminó enquistando la falsa idea de que la Edad Media fue una época de retroceso del conocimiento. Dentro de ese mito, entre otras cosas, se decía que los académicos y religiosos medievales únicamente concebían la idea de una Tierra plana.
En la misma línea, se diseminó la teoría de que Cristóbal Colón, cuando se lanzó hacia el gran océano, era el único europeo que barajaba la posibilidad de que la Tierra era esférica. La realidad es que nada de esto fue así. Está de sobra probado que tanto él como los Reyes Católicos eran perfectamente conscientes de la esfericidad de la Tierra, siendo la única discrepancia era el tamaño real de la Tierra y si sería posible alcanzar Oriente siguiendo la ruta occidental, tal y como ya comenté en este otro artículo sobre el problema de la longitud.
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A finales del siglo XIX proliferaron multitud de publicaciones que ahondaron en esta idea, pero en esta ocasión desde la tesis del conflicto. Autores como John William Draper y Andrew Dickson White querían dejar vigencia de un supuesto enfrentamiento irreconciliable entre la ciencia y la religión. Más allá de lo polémico de esta tesis, quizá por un mero fallo de cálculo, muchas de las afirmaciones que plantearon Draper y White aterrizaron en los círculos más reaccionarios de la sociedad. Y es así cómo, del mismo modo que hubo creacionistas que rechazaban la idea de la evolución, hubo muchos individuos que optaron por rechazar la idea de una Tierra esférica en favor de la Tierra plana.
En 1893, Orlando Ferguson publicó el mapa que, posiblemente, mejor represente este regreso a las raíces y la tradición.
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Este mapa no solo planteaba la idea de la Tierra plana, sino que desechaba de lleno todos los avances llevados a cabo por astrónomos como Kepler, Galileo o Newton. Para ello, además de tomar ideas de Draper y White, también tomó la Biblia como referente. De forma interesada, extrajo una serie de versículos que, según él, demostraban de forma categórica que la idea de un globo terráqueo girando y orbitando en torno al Sol no era más que una teoría muy elaborada.
A lo largo del siglo XX, la idea de la Tierra plana se mantuvo viva, junto al periodo oscuro de la Edad Media y la cuestión de Cristóbal Colón. Con el resurgir del conservadurismo anticientífico a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, no debe sorprender que la idea de la Tierra plana haya vuelto a ganar prevalencia, junto a otras creencias conspiranoicas más modernas. Un estudio realizado en Estados Unidos en 2021 aporta datos sobre este problema.
Un 10 % de los estadounidenses cree que la Tierra es plana, y otro 9 % más no afirma sin dudas que esto sea mentira. Este número es mayor que los ciudadanos que creen que la Tierra tiene únicamente 6000 años (un 8 %) y los ciudadanos que sostienen que las vacunas implantan microchips (un 9 %), y ligeramente inferior a los que niegan que el hombre haya llegado a la Luna (un 12 %). Puede ser tentador pensar que este problema es únicamente de Estados Unidos, pero la realidad muestra que organizaciones como la Flat Earth Society (Sociedad de terraplanistas) tienen más atención que nunca.
La Tierra no es plana y la evidencia es abrumadora, pero el giro conservador de gran parte de la sociedad mantendrá el mito vivo durante mucho más tiempo.
Y no solo las hinduistas, sino también las jainistas y budistas.
La palabra Nāga en sánscrito puede tener una doble traducción: serpiente o elefante. Wilhelm von Humboldt cree que este es el origen de esta idea en Occidente sobre la mitología hindú.
Como os podéis imaginar a estas alturas, esta es la clara influencia que tuvo Terry Pratchett para crear la icónica tortuga Gran A'Tuin, del universo de Mundodisco.
Hubo objeciones durante los primeros siglos, por mera contraposición al mundo helenístico. Pero la idea de la Tierra esférica terminó calando en el siglo X.
Me encanta, me ha parecido interesantísimo.
Chapó, como siempre. Además con mención a Terry Pratchett!! Muy fan de Mundodisco