Buen martes a todos,
Hace mucho tiempo que no hablaba de propaganda por aquí1. Como seguramente os pase a muchos, mi lista de ideas supera con creces el tiempo del que dispongo para indagar en cada una de ellas. No solo eso, sino que muchas veces los temas que me generan fijación, y por ende aparecen por aquí, son los que tienen la suerte de caer en mis manos en el momento adecuado. Aun así, mantengo una larga lista en la que anoto asuntos a tratar, sobre los que ya leí en su momento y tengo ganas de explorar en detalle en algún momento.
Esta semana me apetecía volver a la propaganda, así que, pescando en la lista, me he topado con un pulpo.

Si hay un recurso recurrente en la cartografía propagandística y satírica, ese es el pulpo. Apareció por primera vez ligado a Rusia dentro del contexto sociopolítico europeo de la segunda mitad del siglo XIX. Después, se popularizó y se reutilizó gracias a su gran potencial. Los tentáculos son capaces de apuntar en múltiples direcciones, lo que facilita representar los diferentes intereses de la entidad que representa el pulpo. Además, dependiendo de la forma de los tentáculos, es fácil conseguir una actitud amenazante o, si el tentáculo consigue agarrar, opresora.
Aquí va una breve historia sobre el origen del pulpo en la cartografía.
La Europa de 1877
Tras la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, el nacionalismo comienza a redibujar el ámbito político de Europa. A comienzos del siglo XIX, el continente aún estaba dominado por potencias multinacionales como el Imperio Otomano o el Imperio Austrohúngaro, así como múltiples monarquías absolutistas. Las revoluciones de 1830 y 1848 marcaron ese punto de inflexión en el que los absolutismos dieron paso al liberalismo, y todos aquellos pueblos que compartían lengua, historia y cultura comenzaron a abrazar la identidad nacional y la búsqueda de su propio estado-nación.
Todas esas transformaciones también se vieron afectadas por las comunes contiendas entre estados con intereses opuestos. La Guerra de Crimea (1853 - 1856) enfrentó al Imperio Ruso contra una coalición formada por el Imperio Otomano, Francia, el Reino Unido y el Reino de Cerdeña. Todo comenzó por una disputa sobre la situación de los cristianos en la Tierra Santa, aunque la razón subyacente tenía más que ver con mantener (o no) la integridad del Imperio Otomano y permitir (o no) la expansión del Imperio Ruso en torno al mar Negro. Los rusos perdieron, aunque sus intereses se mantuvieron vivos.

En 1870, en el otro extremo del continente, las tensiones entre Francia y Prusia terminaron estallando. En apenas un año, el Segundo Imperio Francés, liderado por Napoleón III, fue derrotado por una Prusia muy superior en el ámbito estratégico y en el aspecto militar. Como resultado, Francia perdió a Alsacia y Lorena, las cuales pasaron a formar parte de un nuevo Imperio Alemán liderado por Otto von Bismarck.
Un poco más al sur, otra importante unificación se llevaba fraguando desde 1849. La península italiana, que se había mantenido fragmentada desde la caída del Imperio Romano, comenzó a buscar una unificación semejante. En 1859, el Reino de Cerdeña consigue expulsar la influencia de Austria del sur de los Alpes y anexionarse a Lombardía. En los once años siguientes, de forma voluntaria o forzosa, el resto de entidades políticas de la península también pasaron a formar parte de una Italia que completó la unificación en 18702.
Con el nuevo Reino de Italia, el nuevo Imperio Alemán y la Tercera República Francesa, el mapa de Europa viste así en 1871.

Este nuevo equilibrio de poderes no vino bien al Imperio Otomano. El gran problema interno ya era evidente desde comienzos del siglo XIX con la independencia de Grecia3, pero tras la Guerra de Crimea los problemas no hicieron más que incrementarse. Primero fue en el Líbano, donde los cristianos maronitas plantaron cara a los señores drusos por un trato desigual. Poco después, la isla de Creta también se levantó pidiendo escindirse del Imperio Otomano para pasar a formar parte de Grecia.
La situación se hizo aún más insostenible si cabe en 1875, cuando varios pueblos de los Balcanes se sublevaron contra el Imperio Otomano. Con un apoyo indirecto de Francia, los albaneses y bosníacos4 fueron los primeros en plantar cara y reclamar su derecho a la autodeterminación como naciones independientes del imperio. Poco después les siguieron los pasos búlgaros y serbios, lo cual no pasó desapercibido para el imperialismo ruso, que barajó su intervención con el fin de extender su influencia en la región.
El Imperio Otomano aún tenía supremacía militar en la península, así que no tardó en apagar las revueltas. Las bajas en Bulgaria fueron lo suficientemente elevadas como para llamar la atención de las grandes potencias europeas5, quienes se reunieron en la Conferencia de Constantinopla para buscar una solución a largo plazo. Los otomanos, que no habían sido invitados a la conferencia, decidieron aprobar una constitución que garantizaba los derechos de las minorías en los Balcanes. La mayoría de las grandes potencias europeas se dieron por satisfechas. Todas menos Rusia, que vio sus aspiraciones imperialistas paralizadas por un oportuno movimiento político del Imperio Otomano. Esta nueva tensión terminó estallando en la guerra ruso-turca en 18776.
El pulpo de Fred W. Rose
En 1877, en la otra punta del continente, en Inglaterra, vivía Fred W. Rose. A pesar de ser un simple funcionario, era un apasionado de la ilustración y del periodismo. Estaba al tanto de la situación en Europa y, como conservador, tenía una clara visión de qué preferencia tenía en las disputas del continente. Con tan solo 28 años publicó su primer mapa, con el título Serio-Comic War Map (Mapa satírico de la guerra). En él, Rose mezclaba sus aptitudes como ilustrador dentro de un mapa con la intención de servir de guía para los conflictos existentes en Europa.
Fue publicado en marzo de 1877 y, posiblemente, Rose no fue capaz de imaginarse el éxito que tendría el mapa.

Rose era un ferviente conservador y, como tal, este mapa refleja su apoyo al gobierno conservador de Benjamin Disraeli, contrario a la agresión contra el Imperio Otomano. Por primera vez en la historia, Rusia aparece representada como un pulpo que ocupa más de una cuarta parte del mapa. Sus tentáculos se extienden en múltiples direcciones, sirviendo por completo a la narrativa de Rose sobre la situación de opresión de Europa ante el agresor ruso.
La representación de Rusia está cargada de detalles. Quizá el primero, y menos llamativo de todos, es la pequeña herida que tiene el tentáculo que ahoga Crimea. Se trata de una diferencia directa a la derrota que obtuvo el imperio ruso en la guerra de Crimea, la cual aún se percibe con una muestra de debilidad del opresor. Con otro tentáculo, el pulpo también mantiene bajo férreo control a Polonia, un país que llevaba bajo control del Imperio Ruso desde el final de las Guerras Napoleónicas. Otros dos tentáculos intentan hacerse con el Imperio Otomano que, a su vez, intenta defenderse de la agresión, lo cual se hace eco de la recién estallada guerra entre turcos y rusos. El quinto tentáculo mantiene a Persia bajo control, para que no ayude al Imperio Otomano, y el sexto se lanza amenazante sobre el Imperio Alemán.

Más allá del pulpo ruso, todo el mapa es un magnífico reflejo de los nacionalismos reinantes en Europa y todos los tópicos asociados a cada uno de ellos. El Imperio Austrohúngaro se muestra con una mujer, Austria, que sujeta a un hombre, Hungría, para que no se lance contra Rusia. Alemania aparece personificada en la figura de un Otto von Bismarck rodeado de armamento que sostiene la amenaza del tentáculo ruso con su brazo izquierdo. Francia, aún resentida por la derrota contra los alemanes, está representada con Patrice de MacMahon, que apunta con su artillería a Bismarck. Bélgica tiene una brillante referencia al rey Leopoldo II y las riquezas que estaba amasando gracias al expolio de las colonias africanas.

En el sur, España aparece de espaldas al resto de Europa, echándose una siesta después del batacazo que supuso la pérdida de la mayoría de las colonias en América a comienzos del siglo XIX. Portugal, con indiferencia, también da la espalda a Europa, posiblemente añorando el imperio que una vez fue. Italia, recién independizada, sostiene con actitud juguetona un muñeco que representa al Papa de Roma. Grecia, de una forma mucho más sutil, aparece representada como un cangrejo que, después de la independencia, aún mantiene activa su lucha contra los otomanos, pellizcando levemente con una de sus pinzas.
Por último, en las islas británicas, la caricatura se pierde en una imagen sobria y distante. Inglaterra aparece personificada con la imagen de John Bull7 mirando al resto de Europa, con un highlander escocés y un monje irlandés a su lado. De algún modo, se infiere un halo de superioridad en esa mirada sobre el caos del resto del continente.

Esta obra de Rose gozó de una gran popularidad en toda Europa. Tuvo múltiples reproducciones, adaptaciones e incluso traducciones a otros idiomas. Su impacto cultural y artístico es tangible en los muchos mapas que posteriormente también utilizarían el pulpo como una figura polivalente. Permite de forma sencilla y visual representar los intereses de un país como Rusia, que muchas veces se expanden en múltiples direcciones, así como la naturaleza de esos intereses, ya sea una agresión, una opresión o simplemente un acto de defensa y protección.
Este mapa, que suele considerarse una pieza fundamental de la cartografía propagandística y satírica, también sirvió como una eficaz herramienta para transmitir información. Esta posiblemente sea la razón de su popularidad. En una época en la que pocos sabían leer, era mucho más sencillo interpretar la personificación de múltiples países y sus interacciones que leer un complejo texto analizando la situación sociopolítica de Europa.

El propio Rose creó una segunda versión de su mapa en el año 1900, en el cual aún mantenía la imagen del Imperio Ruso como un pulpo, pero cambiaba la naturaleza de muchas de sus interacciones con los vecinos. El resto del mapa también se adecúa a los nuevos tiempos, demostrando la potencia de este formato para transmitir información e imponer un relato. Propaganda en estado puro.
Este fin de semana, en la primera edición de pago de la newsletter, os traeré una recopilación de más de 15 mapas que usaron la figura del pulpo posteriormente para representar los intereses de Rusia y de muchos otros estados.
Como bien sabéis, es un tema recurrente que me fascina. Aquí os dejo un enlace a todas las entradas sobre propaganda que han aparecido en la newsletter. En este otro enlace tenéis los más de cien mapas propagandísticos que ya he subido al catálogo.
Sobre esto traté en detalle en este otro artículo sobre el irredentismo italiano.
Grecia luchó por su independencia entre 1822 y 1829, y fue reconocida internacionalmente en 1830.
Aunque sea más común el término bosnios, se considera más correcto el término bosníacos. Como me he dado cuenta a tiempo, he puesto bosníacos, aunque muchas otras veces me habréis leído bosnios.
La masacre en Bulgaria fue por parte de ambas partes, turcos aniquilando a búlgaros cristianos, y búlgaros cristianos aniquilando a la minoría musulmana. La reunión de las potencias europeas en Constantinopla estuvo principalmente motivada por la opresión a los búlgaros cristianos, no por la masacre de ambas partes.
Tenía tentación de seguir hablando de esta guerra, muy interesante, pero perdía el foco de forma excesiva. Si os interesa, comentádmelo y lo mismo lo barajo para otra ocasión.
Como dato de interés, aunque no sé si haya un mapa que lo ilustre, uno de los apelativos que tenía la United Fruit Co. en América Latina era la de El Pulpo, debido al dominio político-económico que tuvo durante varias décadas en la zona centroamericana y del Caribe.