La España de Anton van der Wyngaerde
Newsletter #169 – 2026/02/08
Buen domingo a todos,
Es sorprendente ver cómo, a lo largo de una vida, las ciudades que habitamos cambian de forma sorprendente. Aunque año tras año las diferencias parezcan mínimas, cuando echamos la vista atrás un par de décadas nos percatamos de lo mucho que han cambiado. Sin ir más lejos, el edificio en el que llevo viviendo más de 12 años, hace dos décadas era parte de una gran consecución de solares y fábricas abandonadas que fueron el núcleo industrial de Segovia durante la primera mitad del siglo XX.
Esos mismos cambios son aún más sorprendentes cuanto más tiempo nos adentramos en el pasado. Hay a quien únicamente le interesa admirar los monumentos del presente, pero a mí me fascina entender cómo fueron las ciudades cuando esos viejos edificios que admiramos hoy no eran más que parte de un trazado urbano que ya se ha perdido.

Esto que veis más arriba es un dibujo del Palacio de Valsaín realizado hace casi 500 años. Era uno de los lugares de retiro de la monarquía española en la montaña, en uno de los valles más bonitos que conozco1. Su origen tiene lugar en el siglo XIV, cuando los reyes construyeron allí un pequeño pabellón de caza lejos de la ciudad2. Felipe II mandó construir sobre aquel lugar el Palacio de Valsaín entre 1552 y 1556.
En la actualidad, este palacio está en un lamentable estado de ruina y, tristemente, no hay un interés político que empuje a recuperar este valioso patrimonio. Así que, para aquellos que amamos el valle de Valsaín y todo lo que esconde, tenemos que conformarnos con dibujos como este que os he traído de Anton van den Wyngaerde3.
Wyngaerde no solo dibujó el palacio de Valsaín, sino que es el autor de más de 60 dibujos que nos permiten entender con detalle cómo eran las ciudades de la España del siglo XVI. Una figura importante que, durante siglos, cayó totalmente en el olvido.
Anton van der Wyngaerde antes de su llegada a España
Wyngaerde nació en Amberes en torno a 1525 y, posiblemente, fue el hijo de otro artista del mismo nombre que formó parte del gremio de pintores de la ciudad. Quizá ese parentesco fue lo que le dio acceso a la escuela de pintura de Países Bajos y le puso en contacto con el boyante trabajo topográfico y cartográfico de Flandes. La verdad es que sabemos muy poco de la vida de Wyngaerde, al menos hasta 1544, la fecha de su primera obra conocida, una vista topográfica de Dordrecht.
Aunque se puede apreciar la belleza de esta representación de Dordrecht, lo interesante de esta obra de Wyngaerde no es tanto su valor artístico, sino la precisión del lugar que quería representar. A diferencia de otros autores coetáneos, como Georg Braun y Franz Hogenberg, Wyngaerde observaba la naturaleza y las ciudades, y se limitaba a representarlas con la realidad que él percibía, sin ningún tipo de escenografía añadida ni sobredimensionamiento de edificios icónicos.
Esa misma década, viajó a Inglaterra, donde llevó a cabo un gran levantamiento detallado de la ciudad para Enrique VIII de Inglaterra. De este trabajo se suele destacar el dibujo del Palacio de Whitehall, pero muchísimo más interesante me parece la detallada vista panorámica de la ciudad que nos muestra una imagen de Londres que dista mucho de lo que se ha conservado hasta la actualidad4.



Si tenéis la suerte de conocer Londres, podréis ver que esta vista panorámica está realizada desde el sur del Támesis. Eso sí, seguramente reconozcáis muy pocos detalles de la ciudad actual, ya que múltiples incendios y decisiones urbanísticas han cambiado radicalmente el trazado de Londres. Aun así, en los dibujos se puede distinguir la Torre de Londres, en la sección 3; Westminster, en la sección 1; y el antiguo Puente de Londres, en la sección 2, cuando aún estaba repleto de edificios.
Wyngaerde regresó a Países Bajos y, pocos años después, se aventuró a un nuevo viaje, esta vez a Italia, donde su capacidad como paisajista se hizo aún más evidente. Entre 1552 y 1553 realizó dibujos de Roma, Génova o Nápoles en los que destaca su capacidad para mostrar con detalle los monumentos urbanos sin corromper la realidad del urbanismo de la época.


Después de sus periplos por Europa, en 1557 el rey Felipe II de España lo nombró pintor ordinario, y fue así como comenzó a trabajar para la monarquía española. Durante los primeros años, únicamente para documentar las campañas militares de España en el norte de Francia, hasta que en 1562 se trasladó a Madrid, donde se afincó con su familia de forma definitiva.
Las ciudades de España del siglo XVI
Si comparamos España con otros países de Europa occidental, sorprende que a mediados del siglo XVI, a pesar de la importancia económica y política de España a nivel mundial, apenas hubiera ejemplos de ciudades representadas en algún ámbito artístico. Con la llegada de Wyngaerde a Madrid, eso cambió.
El objetivo principal de su trabajo fue elaborar una guía documental de las principales ciudades, villas y pueblos de España. Con ello, Felipe II buscaba crear un inventario gráfico con el que se pudiera dejar constancia de la grandeza y el esplendor de su monarquía. Del mismo modo, esas imágenes valdrían para hablar de la prosperidad de su reino, incluso convirtiendo esas imágenes urbanas en piezas clave de la propaganda de la época.

Entre 1562 y 1570, Wyngaerde realizó varias expediciones en torno a la corte, y al menos seis viajes por la península: al reino de Aragón (1563), a África (1564), a La Mancha (1565), a la Meseta Norte (1565), a Andalucía (1567), y de nuevo a la Meseta Norte (1570). De esos viajes, se han conservado los retratos a vista de pájaro5 de 62 localidades, cada una con distinto nivel de detalle técnico.
Para la elaboración, solía comenzar con un boceto al natural que acaparaba la idea general, al que después incorporaba mediante cuadrículas los principales motivos arquitectónicos. Como ya hemos dicho, Wyngaerde se caracterizaba por un realismo poco común en su época, aunque no estaba libre de idealizar las ciudades: ensanchaba las calles y desplazaba edificios icónicos para que no quedasen ocultos. Y sí, como era de esperar, también ocultaba la miseria de la época.

Wyngaerde murió en Madrid el 7 de mayo de 1571, y con ello se marcó el fin a este particular proyecto de Felipe II. Muchos de estos dibujos sentaban las bases de las pinturas con las que Wyngaerde también ayudó a decorar palacios reales como El Pardo o el Palacio Real de Madrid. Pero con el incendio de este palacio en 1727 se perdieron las pinturas murales originales y, de este modo, posiblemente lo que fue su obra más importante.
Durante siglos, toda esta magnífica obra cayó prácticamente en el olvido, hasta que en 1969 el profesor Egbert Haverkamp-Begemann catalogó todas las visitas de Wyngaerde. Puede que se hubieran perdido los grandes murales artísticos, pero sí que se conservaron sus dibujos preparatorios en múltiples bibliotecas de toda Europa, principalmente en Viena, Oxford y Londres.
Aquí os dejo algunos de esos dibujos panorámicos de las ciudades de España en el siglo XVI.






Raúl Campos-López presentó en un artículo hace unos años este magnífico mapa interactivo donde podéis consultar las paradas de Wyngaerde en sus viajes por España y ver los dibujos que hemos conservado. Si queréis buscar las vistas panorámicas de más ciudades, podéis consultarlas ahí. Si no las encontráis, tengo casi todas localizadas, así que no tenéis más que pedírmelo.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1100 que tiene el catálogo.
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Quizá no sea solo su belleza, sino que, por estar cerca de Segovia, es sin duda el valle que mejor conozco. Pero sí, es un lugar maravilloso, por si no lo conocéis.
A poco más de 10 kilómetros de Segovia, donde la monarquía española tenía como sede temporal el Alcázar de Segovia.
Antonio de las Viñas es su nombre españolizado, el cual también aparece en algunas fuentes.
Estas tres imágenes se publicaron en un fascímil en 1881 y, erróneamente, databan los dibujos originales en 1543. Actualmente, se cree que se realizaron en algún momento entre 1545 y 1550.
Hace tiempo hablé de las representaciones de ciudades a vista de pájaro; aquí podéis leerlo.



Acabo de terminar de leer La invención del pasado (Miguel-Anxo Murado) y me he acordado mucho de ti, respecto a todo lo que te gusta la historia. No es especifico de mapas, pero me ha encantado. Recomendable.
Magnífico