Buen domingo a todos,
En el colegio no fui un alumno especialmente brillante, pero tampoco mal alumno. No suspendía ninguna asignatura, pero tampoco sacaba sobresalientes. Casi todas mis notas estaban entre el bien y el notable1, hasta que en sexto o séptimo de EGB2 cursé por primera vez geografía. Y bueno, por fin pude sacar mi primer sobresaliente.
Aun así, las notas distaron mucho de ser perfectas. Las capitales mundiales no me supusieron ningún problema, pero los ríos, con su nacimiento, curso, afluentes y desembocadura, me resultaban mucho más difíciles de memorizar. Eso sí, algo básico se me quedó claro, como nos quedó claro a todos: los ríos tienen un nacimiento, un curso y una desembocadura. Algunos ríos desembocan en otros ríos o lagos; los más importantes lo hacen en el mar.

La geografía me interesó mucho más de lo que estudié en el colegio y el instituto, así que indagué mucho más en el tema. Sigo sin recordar los lugares de nacimiento y desembocadura de los ríos3, pero ahora sé que el trazado de los ríos y todos sus afluentes permite definir las cuencas hidrográficas de cada río. También que se pueden unir distintas cuencas hidrográficas para trazar las líneas divisorias que permiten ver qué ríos desembocan en un mar o en otro.
Pensemos en una gota de agua. Si una gota de agua llega a un río y no se evapora en el intento, seguirá con ese río todo su curso hasta la desembocadura. Puede que sea en un río u otro, pero finalmente llegará a un mar4. Siguiendo esa idea, Perrin Remonté creó este fabuloso mapa hace un par de años, dividiendo las gotas de agua que van a dar al Atlántico y las que van a dar al Mediterráneo (incluyendo el mar Negro).

Esta idea es muy consistente. Pero, como muchas de las cosas que aprendemos en el colegio, resulta que al final siempre hay algunas excepciones. No todas las gotas que fluyen por el mismo río terminan en el mismo lugar.
Ríos que se separan para volver a juntarse
A veces, cuando las condiciones geográficas lo facilitan, hay ríos que no surcan un único cauce. No hablo de casos como el Mississippi y sus cambiantes meandros, sino de casos en los que un río, en un momento dado, divide su curso en dos. Hay ejemplos en los que esa bifurcación dura poco, como las islas del Sena a su paso por París. En otros ejemplos, en llanuras muy planas donde el río arrastra mucho sedimento, esas divisiones pueden terminar creando una especie de enredadera en la que es difícil determinar un único curso. Ese es el caso del río Brahmaputra, en el subcontinente indio.

En algunos casos, esas separaciones se alargan durante muchos kilómetros, creando islas de un tamaño significativo. En el mismo Brahmaputra nos encontramos con Majuli, una isla de unos 600 kilómetros cuadrados que separa dos ramas del Brahmaputra a lo largo de unos 80 kilómetros5. Para que os hagáis a la idea, una isla del tamaño de Ibiza.
Eso no es nada si la comparamos con la mayor isla fluvial del mundo, Bananal, en Brasil. Esta isla divide a lo largo de 320 kilómetros al río Araguaia en dos brazos, logrando una extensión de 19.162 kilómetros cuadrados. Casi 32 veces el tamaño de Majuli, más de cinco veces el tamaño de Mallorca, casi el doble de Jamaica y cerca del tamaño de Cerdeña o Sicilia.
Un caso más extremo aún es el de muchos deltas, donde los ríos se abren en distintos brazos justo antes de desembocar en el mar. El origen de todos los deltas, o al menos de esa denominación6, lo encontramos en el río Nilo.

Según los escritos clásicos, el río Nilo contaba con siete brazos en su desembocadura: Pelusíaco, Tanítico, Mendesio, Fatnítico, Sebenítico, Bolbitino y Canópico. En la actualidad solo se conservan dos de esos brazos: Bolbitino, que desemboca en Rosetta7, y Fatnítico, que desemboca en Damietta. El resto de ramas del Nilo en su desembocadura desaparecieron por los sedimentos y el control de las crecidas del río.
Pero todas esas ramas terminaban en el mar Mediterráneo, y las dos que prevalecen están separadas por menos de 150 kilómetros en su desembocadura.
El North Two Ocean Creek
En Estados Unidos, nos encontramos con un caso mucho más singular. Cerca del parque de Yellowstone, en Wyoming, se encuentra el paso de montaña Two Ocean Pass (paso de los dos océanos), por donde fluye el North Two Ocean Creek (arroyo norte de los dos océanos). Se trata de un arroyo muy pequeño, que en época de sequía apenas llega al metro y medio de ancho y unos quince centímetros de profundidad.
A todos los efectos, tendría que ser un arroyo insignificante, de los miles que encontramos en cualquier lugar montañoso, pero quizá su nombre os haya dado una pista. El North Two Ocean Creek fluye sobre la línea divisoria hasta que se divide en dos: el Pacific Creek (arroyo del Pacífico) y el Atlantic Creek (arroyo del Atlántico). Podría tratarse de una licencia poética, pero el nombre de estos arroyos describe una realidad. El Atlantic Creek desemboca en el río Yellowstone, de ahí al Missouri, al Mississippi y al golfo de México, en el océano Atlántico. El Pacific Creek, por su parte, desemboca en el río Snake, de ahí al Columbia y al océano Pacífico.
Dos gotas hermanas, que surquen juntas el North Two Ocean Creek, podrían desembocar en el mar separadas por 3.560 kilómetros de distancia.

Este punto se llama Parting of the Waters (Separación de las aguas) y durante muchos años nadie creyó que realmente existiera. El primero en hablar de él fue Jim Bridger, un guía que recorría la zona a finales de los 1820s, quien contaba que había encontrado un arroyo que corría en las dos direcciones. Quizá alguien podría haberle creído, si no fuera porque era la misma persona que también afirmaba que en su exploración se había encontrado con una montaña de cristal y con un río tan rápido que su agua llegaba a hervir.
La confirmación llegó de la mano de un hecho inusual que buscaba explicación. La Comisión de Pesca de Estados Unidos quería averiguar cómo había truchas en el lago de Yellowstone, si había unas cataratas que impedían que esto pudiera suceder. Para investigar, en 1891 mandaron a Barton Warren Evermann, un ictiólogo8 que comprobó que en el Two Ocean Pass había una corriente de agua continua que unía los ríos Snake y Yellowstone. La explicación más factible es que las truchas hubieran subido por el río Snake y hubieran entrado en el Yellowstone por la parte menos esperada.

Las conclusiones se publicaron en 1892 y años después, en un artículo de 1895, Evermann le dio la razón a Jim Bridger, quien había sido el primero en hablar de este lugar tan especial.
Eso sí, nada de montañas de cristal por ahí.
Hace un par de años, un medio digital de Wyoming publicó que el North Two Ocean Creek era la única masa de agua del mundo que se divide para desembocar en dos océanos. Como resultado, aparecieron muchas publicaciones en distintas redes sociales que reafirmaban esta idea tan atractiva, aunque en realidad este lugar no es tan único. En las mismas Montañas Rocosas, bastante más al norte, se encuentra el Divide Creek, que se separa en dos cauces que van a dar al océano Pacífico y la bahía de Hudson, en el océano Ártico.
Y este no es el único ejemplo, he encontrado un puñado más. Dos de ellos, muy interesantes.
Más cauces y gotas divididos
El caso más famoso, sin duda, lo encontramos en el sur de Venezuela. Ahí se encuentra el río Casiquiare, que nace del alto Orinoco, pero, a diferencia del resto de brazos del Orinoco, decide alejarse 356 kilómetros hasta desembocar en el río Negro, el gran afluente del Amazonas. Es mucho más llamativo si además tenemos en cuenta que el Casiquiare desvía hacia el Amazonas entre el 20 % y el 30 % del caudal del alto Orinoco.
Que los dos ríos más caudalosos de Sudamérica estaban conectados era algo que ya sabían los europeos desde 1639, pero, como hemos visto que sucede en estos casos, no todo el mundo se lo terminó de creer. Philippe Buache, geógrafo del rey de Francia, había construido un sistema infalible para dividir el mundo por mares y cuencas, así que un río como el Casiquiare no podía existir, y en París la idea quedó en entredicho9.
Aunque no duraría mucho. En 1800, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland lo navegaron y la realidad volvió a los mapas franceses.

El otro ejemplo que me parece icónico lo encontramos en Europa. Cerca de Immendingen, en el suroeste de Alemania, poco después de su nacimiento, el Danubio se cuela entre las grietas de la roca caliza10. Esta filtración es tan importante que, de media, 155 días al año el cauce del Danubio queda totalmente seco en este tramo. Pero esa agua no se pierde, sino que corre bajo tierra hacia el sur y reaparece en el Aachtopf, un manantial junto al pueblo de Aach. De ahí continúa hasta el lago de Constanza, donde sale con el Rin hacia el mar del Norte.
Dicho de otro modo: el río Danubio se divide en dos, y una parte importante se convierte en un tributario del río Rin. Dos de los ríos más relevantes de Europa están conectados entre sí.
La primera vez que se documentó la desaparición completa del río fue en 1874 y, tres años más tarde, se demostró su conexión con el Aachtopf. Adolf Knop, un geólogo alemán, decidió echar en el río Danubio diez kilos de fluoresceína, veinte toneladas de sal y algo más de una tonelada de aceite de esquisto. Sesenta horas después, el agua del Aachtopf comenzó a salir con un verde intenso.

En la página de turismo de la región, hablan de todo este tema de una forma muy particular, pero que tiene algo de razón. Ponen sobre la mesa si realmente Viena se encuentra en la ribera del Danubio, o si en realidad se encuentra a orillas del Krähenbach, que es el primer afluente del Danubio que llega después del sumidero. Quizá la respuesta real depende del día y de si el Danubio mantiene su caudal o no.
Esta curiosidad es posible que en tiempos geológicos acabe consolidándose. A largo plazo, todo apunta a que la cabecera del Danubio irá exclusivamente hacia el Rin, y posiblemente el nuevo nacimiento del Danubio termine siendo el Krähenbach11.
Para terminar, quiero dejaros por aquí una web interactiva de la que ya os hablé hace año y medio: River Runner Global.
En esa página podéis ver el recorrido de una gota de agua que dejéis en cualquier lugar del mundo. He probado con una gota cerca de mi casa y va a parar al arroyo de Tejadilla, de ahí al río Eresma, al Adaja, al Duero y termina en el Atlántico. Un bonito recorrido.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1.300 que tiene el catálogo.
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Entre el 6 (bien) y el 8 (notable) sobre 10, siguiendo el sistema con el que se evalúa a los alumnos en España.
EGB (Educación General Básica) era el primer tramo educativo que había cuando yo fui al colegio. Cubría, aproximadamente, de los 6 a los 14 años, así que sexto de EGB se correspondía con los 12 años y séptimo con los 13.
No sé casi ninguno de memoria, pero sí que puedo situar de forma aproximada los más importantes. De muchas partes del mundo, no solo de España y la península Ibérica.
Aquí un apunte. Existen las cuencas endorreicas, que van a dar a un lago en el que el agua solo sale por evaporación o infiltración. En estos casos, las gotas no terminan en el mar. Es el caso de las muchas cuencas endorreicas del Sahara, y también del mar de Aral, del que hablé hace tiempo por aquí.
Sobre el tamaño de Majuli hay mucha discrepancia, principalmente porque su tamaño está menguando. Sabemos que a comienzos del siglo XX superaba los 1.200 kilómetros cuadrados, que en el Libro Guinness se registró con unos 880, y que en la actualidad es posible que no llegue ni a 500 kilómetros cuadrados.
La desembocadura del Nilo tiene una forma triangular que los antiguos griegos asociaron a la letra griega delta (Δ).
Y sí, la piedra de Rosetta se llama así porque precisamente se encontró en Rosetta, una ciudad costera de Egipto, en el oeste del delta del Nilo.
Los ictiólogos son zoólogos especializados en peces.
El Imperio español ya había validado la conexión de ambos ríos en 1756 y aparece en un mapa de Aparicio Moreta de 1772.
No solo se filtra a su paso por Immendingen, sino que también lo hace en más puntos del recorrido entre Immendingen y Fridingen.
El agua disuelve la caliza con facilidad, por lo que las cavidades cada vez serán más grandes y podrán llevar mucho más agua. Ahora mismo, las aguas subterráneas arrastran unas 7.000 toneladas de caliza al año, así que los pasos se van dando.



