Envidia mil por ese viaje de vuelta (aún pese a la espalda y culo). Y, en efecto, Svalbard no es un lugar de infinitos estímulos, pero aún así hay cosas muy interesantes que hacer (siempre que te guste la naturaleza extrema y las firmadas como poblados rusos abandonados o el arca de Noé de las semillas planetarias)
El problema que suelo tener con Svalbard es que, si quieres mayores posibilidades de ver auroras, tienes que ir cuando más horas de noche hay, lo que limita las otras actividades disponibles (tanto por luz como por frío). Quizá sea mejor idea pasar unos días en Tromsø para intentar ver las auroras... quizá algún día lo reevalúe :).
Bueno, yo fui en marzo, abril, que es el impasse en el que hay horas de luz y oscuridad (oscurece antes). Ahí se puede hacer tanto actividades de día como observación de auroras (la latitud es tal que es mucho más fácil verlas ahí que en el continente). Literalmente se te echan encima.
Me ha pasado igual que a ti, o parecido. Este agosto hice Munich - Tokyo, atrevesando las repúblicas exsoviéticas, y Tokyo - Munich bordeando el polo norte y sobre volando Groenlandia. Pero en este caso, iba en la fila central del avión (no pude escoger) y durante el trayecto más interesante oscurecieron las ventanillas del avión y, aquí viene lo diferente a tu vuelo, no vi nada de nada. Pero me pareció cuanto menos emocionante. Y ya puedo decir que he estado en Alaska, Canadá y Groenlandia, o al menos, pasado por allí, jeje.
Yo volé de Munich a Calgary (Canadá) por Islandia y Groenlandia, en un día incréiblemente soleado (era verano).
Después de ver la costa groenlandesa llena de fiordos en los que desembocaban glaciares que ríete tú del Perito Moreno, todo se hizo blanco de nive, en un paisaje tan monótono que llegué a confundirlo con nubes. Pero no lo eran. Increíble.
Vale la penas esos viajes infernales aunque sea para ver estas cosas.
Eso de confundir las nubes y el hielo me pasó también a mí. De hecho, no fui del todo consciente de que sobrevolábamos una superficie helada hasta que llegamos a la zona de nubes, donde se hizo evidente la diferencia.
Envidia mil por ese viaje de vuelta (aún pese a la espalda y culo). Y, en efecto, Svalbard no es un lugar de infinitos estímulos, pero aún así hay cosas muy interesantes que hacer (siempre que te guste la naturaleza extrema y las firmadas como poblados rusos abandonados o el arca de Noé de las semillas planetarias)
El problema que suelo tener con Svalbard es que, si quieres mayores posibilidades de ver auroras, tienes que ir cuando más horas de noche hay, lo que limita las otras actividades disponibles (tanto por luz como por frío). Quizá sea mejor idea pasar unos días en Tromsø para intentar ver las auroras... quizá algún día lo reevalúe :).
Bueno, yo fui en marzo, abril, que es el impasse en el que hay horas de luz y oscuridad (oscurece antes). Ahí se puede hacer tanto actividades de día como observación de auroras (la latitud es tal que es mucho más fácil verlas ahí que en el continente). Literalmente se te echan encima.
Muy interesante, Miguel!!
Gracias!
Un viaje interesantísimo, que sólo los frikis geográficos sabemos saborear. Chapeau!
Doy fe de que yo y mi acompañante no teníamos los mismos intereses durante el vuelo. Eso sí, ambos disfrutamos mucho de las vistas de Groenlandia.
Me ha pasado igual que a ti, o parecido. Este agosto hice Munich - Tokyo, atrevesando las repúblicas exsoviéticas, y Tokyo - Munich bordeando el polo norte y sobre volando Groenlandia. Pero en este caso, iba en la fila central del avión (no pude escoger) y durante el trayecto más interesante oscurecieron las ventanillas del avión y, aquí viene lo diferente a tu vuelo, no vi nada de nada. Pero me pareció cuanto menos emocionante. Y ya puedo decir que he estado en Alaska, Canadá y Groenlandia, o al menos, pasado por allí, jeje.
Lo de haber ‘estado’ en Groenlandia tiene su plus, sin duda.
Yo volé de Munich a Calgary (Canadá) por Islandia y Groenlandia, en un día incréiblemente soleado (era verano).
Después de ver la costa groenlandesa llena de fiordos en los que desembocaban glaciares que ríete tú del Perito Moreno, todo se hizo blanco de nive, en un paisaje tan monótono que llegué a confundirlo con nubes. Pero no lo eran. Increíble.
Vale la penas esos viajes infernales aunque sea para ver estas cosas.
Eso de confundir las nubes y el hielo me pasó también a mí. De hecho, no fui del todo consciente de que sobrevolábamos una superficie helada hasta que llegamos a la zona de nubes, donde se hizo evidente la diferencia.
Curioso Miguel. Mis cuñados volvieron de Japón dos días después e hicieron el mismo recorrido.
Parece que será la opción de vuelo durante una buena temporada.