La partición de la Gran Hungría y la cartografía del dolor
Newsletter #171 – 2026/02/22
Buen domingo a todos,
En 1896, Hungría celebró el año del milenio. A finales del siglo XIX, los nacionalismos campaban a sus anchas por toda Europa1 y Hungría no podía ser menos. No se cumplían mil años de estado, sino mil años desde la llegada de los magiares a Europa y, para realzar esa idea de potencia europea, Budapest acogió la Gran Exposición del Milenio, inauguró la segunda red de metro subterránea del mundo e incluso comenzó la edificación de uno de sus monumentos más icónicos, la Plaza de los Héroes.
Aquel nacionalismo húngaro no solo tenía como base de su identidad a la etnia magiar, sino que también realzaba la gran importancia de Hungría como potencia europea. Esa potencia que había servido de escudo cristiano frente al avance del Imperio otomano. Aunque, como pasa con casi todos los cuentos nacionalistas, la realidad es que la resistencia húngara contra el Islam apenas duró un siglo, ya que tras la batalla contra los otomanos en Mohács, en 1526, el Reino de Hungría colapsó2. No fue hasta 1699 cuando Hungría recuperó su unidad y se libró de las garras de los otomanos, aunque fue bajo el control de los Habsburgo.
La autonomía real de los húngaros no llegaría de nuevo a la nación hasta 1867, cuando se firmó el compromiso austrohúngaro y el Imperio austrohúngaro pasó a ser una entidad dual, en la que el Reino de Hungría alcanzaba la misma autonomía que el Imperio austriaco.

Esa silueta que podéis ver en el mapa de arriba, en amarillo, es lo que el nacionalismo húngaro interiorizó como la Gran Hungría. Poco importaba la realidad, cuando la narrativa podía sostenerse con una etnia que había sobrevivido siglos en un mismo territorio.
En 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial, y cuatro años más tarde terminó con el Imperio austrohúngaro derrotado. Y ahí empezó un nuevo calvario para el nacionalismo húngaro.
El mapa rojo y el Tratado de Trianon
En la segunda mitad del siglo XIX, el Imperio austrohúngaro era una de las entidades políticas con más variedad lingüística y étnica de toda Europa. A pesar de los incipientes movimientos nacionalistas, la diversidad cultural que agrupaba el imperio era inamovible. Era tal la identidad multiétnica del imperio que se publicaron varias decenas de mapas que describían de distintas formas cómo se agrupaban los distintos pueblos.

Los grupos mayoritarios eran los germanoaustriacos y los húngaros, los que constituían cada uno casi una cuarta parte de la población. También tenían mucho peso los distintos pueblos eslavos, aunque estos estaban divididos entre checos, eslovacos, polacos, serbocroatas y eslovenos en distintas partes del territorio. La población rumana e italiana también tenía un peso importante en sus respectivas regiones, así como los judíos en todas las grandes ciudades.
Esto es esencial para entender que la derrota del Imperio austrohúngaro no fue igual de dolorosa para todos estos pueblos. Como hemos visto, los austriacos y los húngaros gozaban de ciertos privilegios, mientras que el resto de pueblos no eran más que grupos minoritarios que, en muchos casos, estaban marginados3. Para todos ellos, 1918 marcó el comienzo de la liberación. Tras el fin de la guerra, el vacío de poder fue aprovechado por los consejos nacionales para proclamar su independencia o su anexión a estados vecinos, tal como fue el caso de polacos, checos y eslovenos en el norte; rumanos en el oeste, o croatas y bosnios en el sur.
Con este contexto, es más fácil entender algunos de los catorce puntos que propuso el presidente estadounidense Woodrow Wilson, especialmente el 10 y el 11, que afectaban directamente al Imperio austrohúngaro:
10. Oportunidad para un desarrollo autónomo de los pueblos del Imperio austrohúngaro.
11. Evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro, concesión de un acceso al mar a Serbia y arreglo de las relaciones entre los Estados balcánicos de acuerdo con sus sentimientos y el principio de nacionalidad.
El nacionalismo húngaro se tomó esta propuesta como un ataque directo y fue pólvora para avivar a la industria propagandística de la nación. Después de décadas en las que el activismo nacionalista se había centrado casi por completo en potenciar el uso de la lengua magiar para acorralar a las lenguas minoritarias, era necesario pasar a una acción más directa. Es así como, antes de que se decidiera en Versalles el futuro de Hungría, el político y geógrafo Pál Teleki reinterpretó los mapas étnicos del Imperio austrohúngaro y presentó su resultado en las mesas de negociación en enero de 1920.

Esta obra, conocida como el Mapa Rojo, fue una gran herramienta propagandista del nacionalismo húngaro. Los datos y la base cartográfica del mapa estaban bien definidos, pero la forma de representar los datos era sin duda interesada. El color utilizado para los magiares fue un rojo intenso, que captaba la atención, mientras que el resto de etnias tenía colores mucho más tenues. Las zonas poco pobladas, que generalmente tenían mayorías de otras etnias, aparecían en blanco para quitarles peso.
Esta muestra de propaganda nacionalista fue excepcional, pero posiblemente llegó tarde. Pocos meses más tarde, todas las partes interesadas firmaron el Tratado de Trianon y la gran amputación de Hungría fue un hecho. La nación que había ocupado 325.000 kilómetros cuadrados y había tenido 21 millones de habitantes, pasó de la noche a la mañana a ocupar únicamente 93.000 kilómetros cuadrados y tener 7,5 millones de habitantes.

El norte pasó a formar parte de la nueva Checoslovaquia, el sureste se unificó con Rumanía, el suroeste se convirtió en parte integral de Yugoslavia y una pequeña franja del este pasó a Austria. El mapa de Teleki era sin duda tendencioso, pero eso no quita que hubiera un gran número de magiares que quedaron fuera del territorio de la nueva Hungría, hasta un 30 % de los habitantes en el caso de los territorios cedidos a Rumanía y Checoslovaquia.
Justicia para Hungría y el irredentismo húngaro
A pesar de que Hungría sí que firmó el Tratado de Trianon, aceptando las condiciones pautadas, el nacionalismo húngaro nunca llegó a aceptarlo. La maquinaria propagandística lo consideró una humillación y centró todas sus actuaciones en concienciar nacional e internacionalmente de aquella gran injusticia.
En 1921, en la Plaza de la Libertad de Budapest, cuatro artistas húngaros construyeron las cuatro estatuas del sentimiento irredentista, una en cada uno de los puntos cardinales, en homenaje a cada una de las tierras perdidas en Trianon. En el norte, un guerrero sostenía a una Hungría crucificada y moribunda, en homenaje a los pueblos eslavos del norte; en el oeste, un joven estaba inclinado sobre la Corona de San Esteban, en honor al territorio cedido a Austria; en el este, el príncipe Csaba liberaba a un hombre encadenado que encarnaba a Transilvania4; al sur, un húngaro defendía a una joven mujer sobre un montón de trigo que simbolizaba la región del sur.

Esas cuatro pérdidas fueron un foco continuo de la Liga Revisionista Húngara, que durante casi 20 años, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, luchó por revertir pacíficamente el Tratado de Trianon. Un gran ejemplo de esto fue la publicación del libro ¡Justicia para Hungría!5, donde se habla en profundidad del Tratado de Trianon y, con una marcada editorial propagandista, se buscaba influenciar en la opinión pública húngara.
Un ejemplo, este nuevo mapa étnico en el que se muestra cómo los territorios cedidos no tenían una clara mayoría de población de las naciones de las que habían pasado a formar parte, lo cual no era cierto6. Por supuesto, el mapa obvia por completo que los húngaros, en todos esos casos, eran un porcentaje menor que rumanos, eslovacos, serbios y croatas en sus respectivas regiones.
Esta página se centra en lo desequilibrados que fueron los pactos de postguerra y cómo afectaron mucho más a Hungría que a cualquier otra nación derrotada. La comparativa excluye deliberadamente al Imperio Otomano y a Austria, que sí que sufrieron importantes pérdidas, pero incluye a Alemania y Bulgaria, cuyas pérdidas territoriales fueron mínimas.

Pero sin duda, la propaganda más interesante que publicó la Liga Revisionista Húngara llegó mucho más allá de las fronteras de Hungría. Para que otros países fueran conscientes de la magnitud de la amputación de Hungría, se crearon mapas que equiparaban las cesiones forzadas de Hungría a todos esos países del mundo donde se publicó el mapa, tomando el Tratado de Trianon como referencia.
Todas ellas, auténticas joyas de la propaganda del periodo de entreguerras.






Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la caída de Hungría bajo la influencia de la Unión Soviética, el nacionalismo húngaro fue reprimido, y con ello el sentimiento irredentista se perdió en parte, aunque aún se pueden encontrar vestigios de aquello. Quizá no tanto en recuerdo del Tratado de Trianon, pero sí con la silueta de la Gran Hungría, que todavía se puede encontrar en algunas partes de Hungría.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1100 que tiene el catálogo.
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Pocos años antes, se había llevado a cabo la unificación de Alemania y la unificación de Italia. Sobre esto último (y el sentimiento irredentista) hablé largo y tendido en este artículo.
Es cierto que la frontera militarizada entre los Habsburgo y los otomanos se mantuvo durante siglo y medio más, pero Hungría ya no era el escudo del cristianismo como tal.
Todo esto es muy matizable, claro está. En la parte húngara, los magiares aplicaron políticas de asimilación intensas desde 1967. En la mitad austriaca, la situación era más compleja, ya que tenían peso, pero no intentaron imponer un dominio y asimilación al estilo de los húngaros.
Transilvania se corresponde con el territorio que Hungría cedió a Rumanía tras la Primera Guerra Mundial.
Igazságot Magyarországnak!, por su título en magiar. Aquí tenéis el PDF por si queréis consultarlo. Aunque no entendáis nada de magiar (que yo no entiendo), sí que hay muchas fotos interesantes y un buen puñado de mapas propagandísticos en la parte final.
Por ejemplo, Transilvania sí que tenía una mayoría rumana clara. Sobre todo si se tomaba como referencia censos no húngaros, ya que los censos húngaros usaban criterios lingüísticos para inflar el peso magiar.




Hi Miguel,
Thank you for writing about Carte Rouge! Allow me to add a few things. The methodology of the map is novel, and as you point out, it does indeed favor the Hungarian ethnic group. However, marking one's own ethnicity in red was quite common and has been used in other countries as well. On the other hand, the white spots on the map are not white in order to hide the majority ethnic groups living there, because if that were the case, there would be no white spots in Hungary. They are white because there are mountains, or lakes, and you can see this in Hungary too (Mecsek, Márta, Bükk = mountain peaks, Balaton = lake). The same is true of the Carpathians in Romania and Slovakia. The visual "deception" is partly due to size. It is worth taking a look at Zsigmond Bátky's 1919 map here https://maps.hungaricana.hu/hu/HTITerkeptar/2760/? list=eyJxdWVyeSI6ICJiXHUwMGUxdGt5In0, as well as the Teleki-Bátky-Kogutowicz map from 1940, based on 1910 census data https://maps.hungaricana.hu/hu/HTITerkeptar/2957/? list=eyJxdWVyeSI6ICJiXHUwMGUxdGt5In0, or first of all the gargantuan, apartment-sized ethnic base map commissioned by Teleki, also created by Bátky and Kogutowicz. https://maps.arcanum.com/hu/map/magyarorszag_1910-etnikai/.
After Trianon, dozens of revisionist-irredentist brochures, publications, and atlases of varying quality were published, targeting an international audience. The one you cite is not even the best of these. They are very interesting from an informational graphics perspective too, and many of them are examples of high-quality cartography. One example is Albert Halász's Atlas of New Central Europe https://x.com/attilabatorfy/status/1610594929289605120. In fact, the Carte Rouge was also published for the general public in Halász and Edvi-Illés Aladár's 1919 statistical album compiled for the Trianon negotiations (Magyarország gazdasági térképekben,1919, later rwpublished in 1920, 1921). One more thing: the Carte Rouge was not presented to the committee by Teleki, but by count Albert Apponyi.
There were THREE new Hungarian movies focusing on this map, here are their trailers:
https://www.youtube.com/watch?v=x-HJh2XIkVQ
https://www.youtube.com/watch?v=GA7y8GSrpRo
https://www.youtube.com/watch?v=SvtngtfnVBc