Cómo pasamos de cada ciudad con una hora local, a una estandarización del tiempo nacional y, finalmente, internacional, con las conocidas zonas horarias.
Miguel, vaya tela la historia de cómo pasamos del caos de las horas locales a la obsesión por la sincronización. Me gusta cómo lo has contado. Lo de los 14 minutos y 44 segundos de Madrid en 1901 me ha parecido una joyita. Con ganas de ver cómo rematas la trilogía con el horario de verano.
Es un patrón común en muchos mapas británicos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El Imperio Británico reclamaba parte del noroeste de Groenlandia, aunque nunca hizo nada para forzar ese control, por lo que se mantuvo danés.
Maravilloso artículo Miguel. Interesantísimo como vemos el recorrido de la historia contemporánea con las zonas horarias como pretexto.
Aprovecho el texto para hacer algo de divulgación. En el texto me gustaría destacar dos historias que mencionas que son ejemplos maravillosos de lo que estudia la Economía, y en concreto de las intuiciones de los autores clásicos como Smith o Hume.
El ánimo de lucro fue un motor fundamental en el desarrollo y expansión tanto del ferrocarril como del telégrafo durante los siglos XIX y XX. La inversión privada, motivada por la perspectiva de beneficios económicos, impulsó la construcción de infraestructuras ferroviarias y telegráficas que transformaron las economías y sociedades de numerosos países. Durante la Revolución Industrial en Gran Bretaña, el ferrocarril emergió como una alternativa más rápida y económica al transporte por canales y carreteras. Empresas privadas invirtieron en la construcción de líneas férreas para conectar ciudades y centros industriales, facilitando el transporte eficiente de mercancías y pasajeros. Este desarrollo no solo redujo los costos y tiempos de viaje, sino que también estimuló el crecimiento de industrias relacionadas, como la del carbón y el acero, y generó empleo en la construcción y operación de los ferrocarriles.
El Ferrocarril de Stockton y Darlington fue impulsado por Edward Pease, un empresario cuáquero que, junto con otros inversores, obtuvo en 1821 la autorización parlamentaria para su construcción. Inicialmente, se planeaba utilizar caballos para el arrastre de los vagones. Sin embargo, George Stephenson, ingeniero mecánico británico, convenció a Pease de las ventajas de emplear locomotoras de vapor, argumentando que podían transportar cargas mucho mayores que los caballos. Tanto Pease como Stephenson previeron una idea de negocio, una forma de sacar rédito económico invirtiendo en la construcción del ferrocarril. El resto de inversores del proyecto también anticiparon que habría un beneficio económico de invertir en ese proyecto. Fue su interés personal el que puso la primera piedra para lo que sucedió después.
Es por eso que no hay que criminalizar la búsqueda del interés propio como motor de avance y de cambio social. Aquellos empresarios, buscando su exclusivo beneficio, fueron causa primaria de las innumerables ventajas sociales que posteriormente ha traído el ferrocarril y el telégrafo.
Me atrevo a añadir un intento (bastante fallido) de estandarizar el tiempo. En 1998 Swatch lo intentó con el Swatch Internet Time, que dividia el día en 1000 .beats. La idea es que tu pudieras qudar con alguien a las por ejemplo 750beat y fueran lo mismo en Japón que en NY. Tenían un convertidor de tu hora local a SIT. Aquí mucho mejor explicado. https://en.wikipedia.org/wiki/Swatch_Internet_Time
¡Había borrado de mi memoria lo de la hora de Internet por completo! Con algo que funciona relativamente bien en el mundo tecnológico, como el UTC, Swatch lo tenía muy complicado para haber tenido éxito.
Hay un libro que profundiza en toda esta historia, quienes presentaron las primeras iniciativas, sus reflexiones, los aspectos políticos, sociales e inlcuso con detalles legales y actas, llamado Seize the Daylight. https://www.goodreads.com/book/show/25073526 El libro puede ser algo árido a ratos por lo que este enfoque cartográfico le hubiese hecho muy bien.
Qué artículo tan interesante. Iba a dejarte un comentario, pero me ha resultado tan sugerente que creo que haré de ese comentario un artículo propio :)
Muchas gracias por el tiempo tomado en el análisis de la sincronización del tiempo, pareciera el principio de la globalización, del internet y el calculador, todo en conexión, al parecer todo nos lleva a ser uno solos pero nunca podemos conseguirlo, somos demasiado distintos.
Como siempre, muy interesante. Mis comentarios no lo son tanto puesto que nunca tengo mucho más que añadir.
El tema del horario de verano dará mucho de que hablar (ya sabes que compartimos esa obsesión por la luz y oscuridad) así que, con ganas de leerte la semana que viene.
Miguel, vaya tela la historia de cómo pasamos del caos de las horas locales a la obsesión por la sincronización. Me gusta cómo lo has contado. Lo de los 14 minutos y 44 segundos de Madrid en 1901 me ha parecido una joyita. Con ganas de ver cómo rematas la trilogía con el horario de verano.
Espero que la tercera parte esté a la altura :)
Súper interesante Miguel, me dejas con muchas ganas de ver como cierras esta trilogía! 🤓
Espero que esté a la altura de las expectativas :)
¡Genial!
Por cierto que en el mapa del Imperio Británico me llama la atención que Canadá ocupa parte de Groenlandia... ¿Sabes algo de eso?
Es un patrón común en muchos mapas británicos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El Imperio Británico reclamaba parte del noroeste de Groenlandia, aunque nunca hizo nada para forzar ese control, por lo que se mantuvo danés.
Maravilloso artículo Miguel. Interesantísimo como vemos el recorrido de la historia contemporánea con las zonas horarias como pretexto.
Aprovecho el texto para hacer algo de divulgación. En el texto me gustaría destacar dos historias que mencionas que son ejemplos maravillosos de lo que estudia la Economía, y en concreto de las intuiciones de los autores clásicos como Smith o Hume.
El ánimo de lucro fue un motor fundamental en el desarrollo y expansión tanto del ferrocarril como del telégrafo durante los siglos XIX y XX. La inversión privada, motivada por la perspectiva de beneficios económicos, impulsó la construcción de infraestructuras ferroviarias y telegráficas que transformaron las economías y sociedades de numerosos países. Durante la Revolución Industrial en Gran Bretaña, el ferrocarril emergió como una alternativa más rápida y económica al transporte por canales y carreteras. Empresas privadas invirtieron en la construcción de líneas férreas para conectar ciudades y centros industriales, facilitando el transporte eficiente de mercancías y pasajeros. Este desarrollo no solo redujo los costos y tiempos de viaje, sino que también estimuló el crecimiento de industrias relacionadas, como la del carbón y el acero, y generó empleo en la construcción y operación de los ferrocarriles.
El Ferrocarril de Stockton y Darlington fue impulsado por Edward Pease, un empresario cuáquero que, junto con otros inversores, obtuvo en 1821 la autorización parlamentaria para su construcción. Inicialmente, se planeaba utilizar caballos para el arrastre de los vagones. Sin embargo, George Stephenson, ingeniero mecánico británico, convenció a Pease de las ventajas de emplear locomotoras de vapor, argumentando que podían transportar cargas mucho mayores que los caballos. Tanto Pease como Stephenson previeron una idea de negocio, una forma de sacar rédito económico invirtiendo en la construcción del ferrocarril. El resto de inversores del proyecto también anticiparon que habría un beneficio económico de invertir en ese proyecto. Fue su interés personal el que puso la primera piedra para lo que sucedió después.
Es por eso que no hay que criminalizar la búsqueda del interés propio como motor de avance y de cambio social. Aquellos empresarios, buscando su exclusivo beneficio, fueron causa primaria de las innumerables ventajas sociales que posteriormente ha traído el ferrocarril y el telégrafo.
Genial artículo con curiosidades que desconocía. En Katmandú me decían que iban por delante de la India por la hora 😃.
Creo que la tercera parte será el broche de oro a estos artículos.
Gracias!
Sí, los 15 minutos que nos “robaron” es una golosina. También el gol por la escuadra de Gran Bretaña a Italia.
¿Cómo era eso? ¿Algo así cómo «la historia es un cuento en el que todo el mundo juega, pero los anglosajones siempre se llevan el rédito»?
;)
Gary Lineker dixit :)
Gran artículo como siempre.
Me atrevo a añadir un intento (bastante fallido) de estandarizar el tiempo. En 1998 Swatch lo intentó con el Swatch Internet Time, que dividia el día en 1000 .beats. La idea es que tu pudieras qudar con alguien a las por ejemplo 750beat y fueran lo mismo en Japón que en NY. Tenían un convertidor de tu hora local a SIT. Aquí mucho mejor explicado. https://en.wikipedia.org/wiki/Swatch_Internet_Time
Gracias por tu tiempo y artículos.
¡Había borrado de mi memoria lo de la hora de Internet por completo! Con algo que funciona relativamente bien en el mundo tecnológico, como el UTC, Swatch lo tenía muy complicado para haber tenido éxito.
Gracias por la aportación :)
Hay un libro que profundiza en toda esta historia, quienes presentaron las primeras iniciativas, sus reflexiones, los aspectos políticos, sociales e inlcuso con detalles legales y actas, llamado Seize the Daylight. https://www.goodreads.com/book/show/25073526 El libro puede ser algo árido a ratos por lo que este enfoque cartográfico le hubiese hecho muy bien.
He oído hablar alguna vez de él, pero nunca me he hecho con una copia. Tomo nota.
Gracias!
Qué artículo tan interesante. Iba a dejarte un comentario, pero me ha resultado tan sugerente que creo que haré de ese comentario un artículo propio :)
Uhm - Ahora tengo una curiosidad espantosa por saber de qué hablarás! :)
Muchas gracias por el tiempo tomado en el análisis de la sincronización del tiempo, pareciera el principio de la globalización, del internet y el calculador, todo en conexión, al parecer todo nos lleva a ser uno solos pero nunca podemos conseguirlo, somos demasiado distintos.
Como siempre, muy interesante. Mis comentarios no lo son tanto puesto que nunca tengo mucho más que añadir.
El tema del horario de verano dará mucho de que hablar (ya sabes que compartimos esa obsesión por la luz y oscuridad) así que, con ganas de leerte la semana que viene.