Los estados efímeros de la Guerra Civil Rusa
Newsletter #167 – 2026/01/22
Buen jueves a todos,
La historia nos ha demostrado que, aunque pasen muchos años, todos los imperios terminan cayendo. Cuando se simplifica la historia, es común romantizar los momentos finales como la clave del colapso de un imperio, pero la realidad es que esos hechos suelen ser la culminación de un proceso mucho más lento de decadencia.
Aunque cada caso sea único, es curioso que suele haber patrones recurrentes en la época de decadencia: estancamiento económico, desigualdad, rigidez administrativa, fragmentación de las élites, presión externa creciente, problemas demográficos… Todos estos hechos terminan generando una creciente tensión interna que estalla en una crisis y, finalmente, un evento catalizador lleva al imperio al colapso1.
Y ya. Lo que parecía un statu quo inquebrantable se convierte en un océano de incertidumbre.

En el caso del Imperio ruso, después de siglos de expansión, los problemas comenzaron a ser evidentes a finales del siglo XVIII. Eso no impidió que se mantuviera en pie durante un siglo más, aunque de algún modo fue una huida hacia delante. La primera revolución llegó en 1905, la cual fue superada por el zar, pero sin resolver ninguno de sus problemas más evidentes: la desigualdad y un sistema político rígido2. Entonces, en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, lo cual puso en evidencia otro gran problema: las grandes limitaciones del ejército ruso en comparación con los ejércitos europeos.
En 1917, el estado se mantenía en pie, pero sin capacidad efectiva para gobernar. En febrero de aquel año llegó la primera de las revoluciones, que provocó la caída del zar Nicolás II y la llegada al poder de un Gobierno Provisional. La dirección de ese nuevo gobierno no solventó los problemas más acuciantes, por lo que una segunda revolución, en octubre de aquel mismo año, derrocó al Gobierno Provisional y estableció un estado socialista.
El 1917 marcó el final del Imperio Ruso, pero también supuso el comienzo de una guerra civil entre socialistas y zaristas que se alargaría hasta 1923. Con la impresionante extensión del Imperio ruso, no debe sorprender que su colapso fuera el origen de un gran número de estados efímeros que intentaron forjar su propio futuro. Este gran mapa, obra de Anders Kvernberg, muestra los países más importantes que surgieron en Rusia durante este periodo.
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No todos estos estados fueron igual de relevantes. Algunos han pasado a la historia como simples movimientos de resistencia sin ningún interés real por mantener la independencia. Otros lograron el apoyo de actores externos, no como muestra real de ayudar a ese territorio, sino más bien por el interés de desestabilizar al gigante ruso. Pero algunos sí que han logrado pasar a la historia como piezas importantes para entender la Guerra Civil Rusa.
Ahondemos en ellos.
La República del Don
En marzo de 1918 se declaró la independencia de la República Soviética del Don, después de que el Ejército Rojo echase a las tropas zaristas del óblast del Don. El objetivo de los soviéticos era conseguir el apoyo de los cosacos locales para combatir a los alemanes, quienes aún ocupaban la parte más occidental del antiguo Imperio ruso. Los enfrentamientos contra los alemanes no fueron bien, y los soviéticos terminaron perdiendo Rostov. Los cosacos consideraron que habían sido utilizados por los soviéticos, por lo que ejercieron su histórica autonomía para declarar la independencia de la República del Don, bajo el liderazgo de Pyotr Krasnov.

El objetivo inicial de esta república fue recuperar los privilegios y las tradiciones de los cosacos, pero la realidad es que pronto se convirtió en uno de los principales brazos del Ejército Blanco. A diferencia de muchos otros movimientos contrarrevolucionarios, la República del Don no dependía directamente del apoyo de potencias externas, pero sí que gozó del reconocimiento del Imperio Alemán en 1918. Es más, llegó a establecer relaciones comerciales, mediante las que los cosacos recibían armamento del kaiser alemán a cambio de alimento y control de las infraestructuras.
A pesar del caos de la guerra civil, la República del Don mantuvo una cierta estabilidad, lo que resultó como un atractivo para miles de oficiales zaristas y muchos más refugiados que huían de la guerra. Pero precisamente esa estabilidad inicial fue clave para su fin. Los cosacos querían mantenerse al margen y defender su tierra, pero los miles de oficiales del Ejército Blanco querían utilizar todo ese potencial militar para marchar contra Moscú, terminar con los bolcheviques y restaurar la Gran Rusia.
El castillo de naipes se comenzó a derrumbar cuando terminó la Primera Guerra Mundial y la República del Don perdió a su único aliado, el Imperio Alemán. Dos años más tarde, a finales de 1920, el Ejército Rojo consiguió romper con la línea de defensa cosaca y tomar la república. Esto no solo resultó en el fin de la República del Don, sino que también forzó la huida de miles de cosacos. O al menos de los que tuvieron suerte de poder huir, ya que los que quedaron atrás tuvieron que sufrir la represalia por haber sido uno de los grandes enemigos de la guerra civil.
Majnovia, el Territorio Libre
Tras la Revolución de Febrero de 1917, el nacionalismo ucraniano resurgió. Tras años de opresión, se logró recuperar el uso del ucraniano, la publicación de periódicos y su enseñanza en las escuelas. Ese nacionalismo distaba mucho de estar aunado, así que múltiples poderes lucharon por el control de la nueva Ucrania independiente. Esas luchas dieron lugar a la Guerra de Independencia de Ucrania, otra guerra dentro de la Guerra Civil Rusa. En el este de aquella Ucrania inestable, el anarquista Néstor Majnó comenzó a organizar a los campesinos para buscar su autonomía frente a ocupaciones y poderes centrales.
Es así como surgió la Majnóvschina, un movimiento anarcocomunista que ha pasado a la historia como uno de los mejores intentos de establecer una sociedad anarquista3.

Majnovia es el territorio por el que se extendió esta sociedad anarquista, en el sureste de Ucrania. Llegó a involucrar un total de siete millones de personas, en mayor o menor medida, y mantuvo un importante brazo armado, el Ejército Negro, que contó con decenas de miles de voluntarios. Eso sí, como buena sociedad anarquista, esta sociedad negaba el concepto de Estado, así que no gozó de reconocimiento internacional, ni fue capaz de establecer relaciones comerciales de calado. Todos esos principios tenían como consecuencia la libertad de expresión y asociación, pero también la dictadura o mandato de cualquier partido político. Y sí, esto incluía a la República Socialista Ucraniana, que contaba con el apoyo de los bolcheviques.
Por una mera cuestión de supervivencia, en 1919 el Ejército Negro tuvo que aliarse con el Ejército Rojo de forma temporal para combatir al Ejército Blanco, del bando zarista. Esta alianza fue clave para poner fin al Ejército Blanco, pero en el momento en que los bolcheviques ya no necesitaron al Ejército Negro, Majnovia fue cercada por los soviéticos y se lanzó una campaña para extinguir a la Majnóvschina. La sociedad anarquista resistió durante meses, pero en 1921 se puso fin a la utopía anarquista de Ucrania.
La República del Extremo Oriente
Rusia llegó a la costa occidental del océano Pacífico en el siglo XVII4; aun así, el control en el Lejano Oriente nunca fue muy equiparable al que pudo establecer en Occidente. A lo largo de los siglos, la población se limitó a la zona costera y a varios núcleos de población dispersos que contaban con una administración local que gozaba de cierta independencia en la práctica. Con esto en cuenta, no debe sorprender que, al estallar la Guerra Civil Rusa, fueran los líderes locales quienes llevaran la voz cantante, con una ciudadanía totalmente ajena a la revolución.
Entre 1917 y 1920, Japón había intentado establecer su influencia en la región, aprovechando el vacío de poder. Así que, al ser derrocado el Ejército Blanco, las autoridades soviéticas tenían que dibujar un plan para recuperar el control. El enfrentamiento contra Japón no era una opción tras tres años de guerra, por lo que decidieron crear un estado tapón para controlar las injerencias extranjeras, la República del Extremo Oriente.

Este estado ayudó a evitar un conflicto directo entre la Unión Soviética y el Imperio del Japón, jugando a las apariencias. Fue a todos los efectos un estado títere de la URSS, pero se presentó al mundo como un país democrático y capitalista, con una constitución, un parlamento y protección legal de la propiedad privada. Con unos uniformes totalmente distintos a los soviéticos, mandó una comitiva a los Estados Unidos, que aceptó recibirlos.
Estados Unidos nunca llegó a reconocer a la República del Extremo Oriente, pero ese movimiento diplomático permitió que aumentase la presión contra Japón para que abandonase su presencia en la región. A Estados Unidos no le importaba lo más mínimo este nuevo país, pero mejor una república independiente, aunque fuera comunista, que Japón continuase su expansionismo en el Pacífico.

A la presión internacional a Japón, se unió el desgaste militar. Las guerrillas locales fueron recibiendo un apoyo continuo del Ejército Rojo, minando poco a poco la capacidad de los japoneses de mantener la ocupación en un territorio tan vasto. Finalmente, el Imperio de Japón se retiró de Vladivostok en octubre de 1922, e inmediatamente después la República del Extremo Oriente solicitó la anexión a la Unión Soviética. La absorción fue inmediata, poniendo en evidencia el gran juego de apariencias del Partido Comunista.
Epílogo: los otros estados
El mapa de Anders Kvernberg cuenta con 27 estados efímeros que surgieron durante la Guera Civil Rusa. Los tres de los que os he hablado son, desde mi punto de vista, los más interesantes de todos esos países, cada uno por razones muy distintas. Quizá una cuarta que tuvo gran importancia fue la Autonomía de Alash, que ocupó gran parte del actual Kazajistán. No tuvo un gran ejército, ni un peso relevante en la guerra, pero sí que fue la principal voz de Asia Central, y en parte clave para que luego se establecieran las cinco repúblicas soviéticas de Asia Central.
Otros estados gozaron de importante reconocimiento internacional, principalmente del Imperio Alemán y del Imperio Otomano, como fue el caso de la República de las Montañas del Cáucaso Septentrional, la República Democrática Federal de Transcaucasia o República Popular de Kubán. Si bien todas ellas surgieron de forma genuina, como oposición al gobierno bolchevique, la única razón por la que gozaron de reconocimiento fue porque se utilizaron por las fuerzas extranjeras para ejercer presión sobre el nuevo gobierno soviético.
Más interesante fue el caso de la República de Ingria Septentrional, donde 400 finlandeses aprovecharon la guerra civil para declarar su independencia de Rusia, sobre un territorio de 30 kilómetros cuadrados. El objetivo era reunificarse con Finlandia, algo que el gobierno finlandés apoyó, al menos hasta que Finlandia firmó el Tratado de Tartu con la Unión Soviética y se acordó la devolución de la República de Ingria Septentrional.
Un poco más al sur, un pueblo lituano vivió la retirada de los alemanes y cómo eso causó un vacío de poder que lo dejaba a la merced de polacos y soviéticos. Esto llevó al pueblo a crear el estado más pequeño de todos los que aparecieron en la Guerra Civil Rusa, la República de Perloja. Puede parecer sorprendente, pero logró mantener su independencia durante cinco años, entre 1918 y 1923, en parte porque algo tan pequeño no era especialmente molesto. Finalmente, se integró de forma pacífica en la Unión Soviética.
Como última curiosidad, me parece interesantísimo mencionar el caso de la Ucrania Verde, un estado ucraniano que se planteó a 7.000 kilómetros de Ucrania. En aquella región del Extremo Oriente, junto a Corea, había asentados miles de inmigrantes ucranianos, quienes plantearon en 1920 la creación de un estado propio. La idea busca ser una escisión de la República del Extremo Oriente por y para los ucranianos, aunque nunca se llegó a materializar realmente.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1100 que tiene el catálogo.
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Hay momentos en los que analizar en detalle la historia y buscar patrones puede ser desalentador, ¿verdad?
Simplificando muchísimo, pero esos dos problemas sí que son una buena síntesis de la Rusia de comienzos de siglo XX.
El otro ejemplo por excelencia es la Cataluña Revolucionaria de 1936. La Majnóvschina suele destacarse por su escala, ya que llegó a agrupar hasta 7 millones de personas, su agilidad en la distribución de bienes y su capacidad de defensa. La Cataluña Revolucionaria únicamente mejora este ejemplo en su organización, con manuales de gestión, y en la industrialización, frente a la Majnóvschina que se limitó al campo.
Sobre la expansión de Rusia hasta conquistar el Pacífico escribí hace año y medio; podéis leerlo aquí.



Muy interesante. Me han llamado la atención la efímera República del Don y la no menos fugaz de Majnovia, que tienen sus ecos en el presente. En el conflicto entre Rusia y Ucrania actual, la propaganda rusa en seguida se remonta al pasado soviético y a la población rusohablante de la región en disputa. Pero no es casualidad que esos mismos territorios estén asociados a estas repúblicas, en el contexto del colapso del Imperio ruso que dejó un vacío y una violencia centrífuga de la guerra civil. Don, más anclada en una identidad cosaca conservadora que aspiraba a restaurar jerarquías y fronteras. Majnovia, a su manera, como una experiencia radical de autogobierno campesino, hostil tanto al zarismo como al bolchevismo. Su dependencia de la coyuntura militar las hizo vulnerables. Ya veremos si la propia Ucrania, o buena parte de ella, no acaba igual como una república efímera como tal si su fuerte dependencia del exterior la abandona.