Un puzle llamado mundo: piece together for peace
Newsletter #192 – 2026/07/10
Buen viernes a todos,
Algunos días basta con sentarse a admirar la creatividad de otras personas. Hay tanta gente en el mundo con ideas tan interesantes que una vida no tiene tiempo suficiente para explorarlas todas ellas1. Creo que esa es una de las razones por las que me gusta que haya gente interesada en descubrir muchas de esas ideas que están enterradas, y quizá también una de las principales razones por las que me gusta compartir muchas de las cosas que me encuentro.
La historia de hoy empieza, como muchas de las que os he traído por aquí, con la idea de que un mapa no tiene por qué quedarse quieto y conformarse con todas las ideas preestablecidas.
Desde el siglo XVI, cartógrafos y artistas han recurrido a los mapas para contar mucho más que una mera descripción de la geografía circundante. A veces, la intención es construir una identidad, como el caso del Leo Belgicus; otras, tan solo se busca caricaturizar a un enemigo odiado equiparándolo con un pulpo. Porque sí, de alguna forma, buscar patrones de animales en un mapa resultó durante siglos una forma de construir una narrativa que no podía conseguirse con palabras.
Pero, cuando parecía que todo lo relacionado con mapas zoomórficos estaba explorado, llegó Kentaro Nagai y decidió hacer algo totalmente distinto: desmontar el planeta entero y utilizarlo para sus propios fines. Continentes, archipiélagos e islas reordenados hasta que consigue dotar a esas tierras de otro significado, mucho más allá del político y geográfico habitual de los mapas. Creatividad en estado puro.
Los doce animales del zodiaco japonés
Por mucho que los mitos hayan creído construir otra cosa, la creatividad rara vez surge de forma espontánea. Es más justo admitir que todo proceso creativo surge dentro de un contexto cultural y una experiencia personal que lleva a cada persona por un camino único que le permite conectar ideas como nadie había hecho antes.
Kentaro Nagai es un diseñador gráfico japonés que, a finales de 2004, estaba pensando en cuál podría ser un buen diseño para las tarjetas de felicitación de Año Nuevo para 2005. En Japón, enviar tarjetas en Año Nuevo2 es una práctica extendida para mostrar gratitud a la gente que te ha acompañado y para desearles lo mejor en el año que entra. Pero además de diseñador, como muchas otras personas, Nagai también tenía sus preocupaciones personales. El siglo XXI no había cumplido la promesa de que las guerras se habían terminado. La guerra de Irak ya estaba en su tercer año, y las expectativas de mejora no estaban en el horizonte3.
¿Cómo podía sobreponerse a ese abrumador pesimismo e intentar transmitir esperanza en sus tarjetas? Quería buscar una forma de aunar el mundo en uno, como si se pudiera ir más allá de las arbitrarias divisiones que habían impuesto la geografía y la historia. De algún modo, inspirado en la deriva continental de Alfred Wegener4, buscó una forma de encajar los continentes como ya lo habían estado hace cientos de millones de años. Y por qué no, hacerlo con los doce animales del zodiaco japonés, justo los mismos que se suelen utilizar en las tarjetas de Año Nuevo. El gallo, en el caso del año 2005.

El proceso técnico, según el propio Nagai, fue mucho más difícil y laborioso de lo que parece5. La idea es dividir el mapamundi en fragmentos, moverlos y rotarlos hasta que el conjunto se convierta en la silueta deseada. Únicamente con las piezas que proporciona un mapamundi, sin añadir nada, sin dibujar nada, sin borrar nada. La dificultad está en que las piezas deben seguir siendo reconocibles, con el mismo tamaño proporcionado, como los continentes e islas que representan, pero a la vez se tienen que convertir en algo totalmente distinto.
Nagai tardó más de tres años en completar los doce animales y, con el resultado final6, consiguió ganar la medalla de plata de 2009 en los Art Directors Club de Nueva York y también logró ser seleccionado en el Japan Media Arts Festival.

Es importante detenerse en lo que implica la elección de Nagai. Los doce animales del zodiaco japonés no son animales cualquiera: ayudan a organizar el tiempo, la memoria y la identidad de las personas. Nagai toma esa idea y la convirtió en un argumento sobre el espacio: los mismos continentes que dividen el mundo en naciones pueden reorganizarse para construir las figuras que unen a las personas con una cultura compartida, la japonesa, en este caso.
El planeta como puzle no es solo una metáfora. Es también una pregunta: ¿qué queremos construir con las piezas que tenemos?
Guerra, paz y un panda
Nagai no se quedó ahí; tan solo fue el comienzo del proyecto Piece Together for Peace7. En 2009 publicó War and Peace, dos pósters que usaban la misma técnica para representar con una calavera y una paloma la guerra y la paz en el mundo. El mismo planeta reorganizado para mostrar las dos opciones que tenemos: cooperar o enfrentarnos.


En 2009, DEVNET, una organización vinculada al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, encargó a Nagai una pieza para la Exposición Universal de Shanghái: un panda construido con los continentes del mundo, que usaron para publicitar los Objetivos de Desarrollo del Milenio hasta el año 2015. Recibió el nombre del Millennium Panda.

We are one
A estas alturas hay que reconocer que la idea de Nagai era potente. Así que no debe sorprender que recibiera un nuevo encargo de la agencia BBDO Moscú para una campaña de concienciación de WWF Rusia. El objetivo de este trabajo estaba centrado en dar visibilidad a los animales del Ártico que, por remotos que parezcan, no deberían sernos ajenos. Nagai eligió cuatro animales8 para los pósters de publicidad exterior: oso polar, lobo, ballena y león marino.
No sé si fue cuestión de práctica, pero en este último trabajo del proyecto Piece Together for Peace, Nagai logró una calidad que, en mi humilde opinión, supera a todas las obras previas con creces.




La campaña recibió una mención en el shortlist de los Leones de Cannes de 2012 y la medalla de plata en los Epica Awards del mismo año. Pero lo que me parece más interesante es la sutil diferencia de fondo con los doce animales con los que comenzó el proyecto: allí el puzle servía para decir que el mundo puede ser una sola cosa; aquí sirve para decir que lo que perdemos es también parte de nosotros.
Hay mapas que intentan representar el mundo tal como es. Y luego está Kentaro Nagai, quien directamente se rinde a la evidencia y decide desmontar el mundo para construir con sus piezas lo que podríamos ser.
Por petición popular, os dejo por aquí un botón para procrastinar, por si os pillo aburridos. Cada vez que pulséis en él, os llevará a un mapa distinto de los más de 1200 que tiene el catálogo.
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Ni siquiera una vida de esas en las que las responsabilidades, el dinero o la salud no fueran factores limitantes del tiempo disponible.
Más conocidas como nengajo, podéis leer sobre ellas en este artículo de Japonismo. Pero por dejar una referencia de la importancia: En 2003 se llegaron a enviar unos 4.400 millones de postales para Año Nuevo, lo que supone una media de 30 postales por cada habitante de Japón.
Y vaya si llevaba razón. Yo también me creí en mi adolescencia que, tras la desintegración de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, las guerras se habían acabado. Y el 2026 no está nada mejor que aquel 2004.
Os hablé de Wegener hace tiempo en este artículo sobre las Pangeas que hubo y las Pangeas que vendrán.
Aunque en 2004 estuviéramos en un mundo ya digital, aún no había las herramientas que tenemos hoy para que sean creativas por nosotros. Nótese la cursiva, porque las herramientas no hacen por sí mismas creativas a nadie.
Aquí os dejo un enlace a las doce láminas con los doce animales creados por Nagai.
Se puede traducir como “unir las piezas por la paz” o directamente “unir por la paz”, con un bonito juego de palabras en inglés gracias a que piece (pieza) y peace (paz) son dos palabras homófonas.
Aunque solo se publicaron cuatro animales en la campaña de WWF Rusia, la serie completa de Nagai también incluía imágenes del pingüino, la morsa y el bisonte. Podéis ver todos ellos aquí.


